Mochileando por Europa
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Mochilear por Europa: el primer gran Eurotrip

Mi primer viaje mochilero por Europa fue una mezcla de emoción, improvisación y aprendizajes. A los 19 años decidí hacer un Eurotrip de dos meses con bajo presupuesto, moviéndome en autostop, BlaBlaCar y buses nocturnos. Esta es la historia de cómo mochilear por Europa me enseñó que no se necesita mucho dinero para vivir grandes experiencias.

El inicio del viaje y mis días en el País Vasco

Llevaba ya alrededor de un año estudiando y trabajando en España. Había aterrizado en Bilbao en mayo del 2014, justo antes del verano, pero en mi llegada me dediqué más que todo a trabajar. El curso de gastronomía empezó en septiembre, por lo que ese tiempo se lo había entregado al estudio, al trabajo y al ahorro.

Aunque ya había viajado por varias ciudades y regiones de España y Francia, ya que donde vivía quedaba literalmente a una hora de la frontera, hasta ese momento mis viajes habían sido más como paseos de fin de semana. Hasta ahí apenas conocía ciudades como Madrid, Barcelona y San Sebastián.

Había recorrido gran parte del País Vasco tanto español como francés.
👉 El País Vasco español está compuesto por las provincias de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa.
👉 El País Vasco francés está formado por Baja Navarra, Labort y Sola.

Entre ambos lados de la frontera visité muchos pueblos, y les digo que este territorio tiene una identidad y cultura únicas: montañas verdes, mar Cantábrico, gastronomía brutal y gente muy orgullosa de sus raíces.

Aparte de eso, en Francia había ido a visitar a una amiga a una pequeña ciudad llamada Tours, y juntos también recorrimos otra joya medieval: Saint-Malo, una ciudad amurallada frente al mar que parece sacada de un cuento.

Mochilear por Europa
Mochilear por Europa

Planeando el Eurotrip y el encuentro en Alemania

Ya en el año 2015, con 19 años, se aproximaba el verano. Ya estaba totalmente establecido en Bilbao y ahora sí, no iba a perder la oportunidad de hacer mi primer Eurotrip. Después de varios meses de planearlo había quedado con un amigo ya mencionado en el blog del viaje en bici. ¿Recuerdan al amigo de la bici mala y las caídas? Ese mismo: se había ido a hacer un voluntariado en Alemania y allá nos íbamos a encontrar en la primera parte de mi viaje.

Saqué dos meses de vacaciones y empecé a mapear todos los lugares que iba a visitar. Como les decía, quedamos en Alemania. Salí desde Bilbao a Madrid en BlaBlaCar, una app que se convertiría en indispensable en los viajes y súper recomendada.

👉 BlaBlaCar es una plataforma de coche compartido donde los conductores publican trayectos que van a hacer y los pasajeros pueden unirse pagando una parte de la gasolina y peajes. Es mucho más barato que un tren o un bus, conoces gente y en Europa funciona de maravilla. Para mochileros que buscan ahorrar, es casi un salvavidas.

Madrid al final siempre era la ciudad donde comenzaban mis viajes largos, y desde ahí tomé un avión a Frankfurt, Alemania. Ahí me encontré con mi amigo, al que a partir de ahora le vamos a llamar Aran.

Obviamente, con Aran la idea era ahorrar. Y es que, aunque trabajábamos, nosotros ya sabíamos lo que era acampar y dormir en carretera. En el primer trayecto del viaje la idea era ir de Frankfurt hasta la ciudad de Dresde y de ahí a la frontera con República Checa, a un pequeño pueblo llamado Bad Schandau, donde nos estaban esperando unos amigos de Aran en un campamento para pasar 4 días en el bosque: acampando, haciendo hiking y relajándonos un rato.

Mochilear por Europa

Primeros días de autostop:

Después de encontrarnos esa primera noche, nuestro hotel fue un parque al lado del río. Llevábamos sleeping bags para dormir y la noche estaba bastante despejada. Al otro día salimos temprano y nos dirigimos hasta una de las salidas de la ciudad, a una autopista cerca del aeropuerto, en una estación de gasolina donde compramos las provisiones para ese día: snacks, sandwiches y esas cosas.

La idea era llegar haciendo autostop ese mismo día o, como mucho, al siguiente. Teníamos un trayecto de alrededor de 500 km. Cogimos un cartón, pintamos “Dresde” y empezamos a preguntar. No llevábamos mucho tiempo cuando nos pararon unos brasileños. Resulta que ellos eran grafiteros y estaban en un evento en Alemania. Ya volvían a su país y tenían unas bolsas llenas de aerosoles, agua y gaseosas. Nos preguntaron que si las queríamos; como ya iban a tomar el avión, salimos con dos bolsas llenas de pintura y bebidas jajaja. La verdad, nos sirvieron demasiado para todo el camino.

No esperamos más de una hora. En el lugar donde estábamos yo tenía wifi, pero no datos, y no había comprado una tarjeta SIM en Alemania. En ese tiempo no era tan común hacer eso, además de que el roaming entre países era carísimo. Lo normal era llegar a un McDonald’s, restaurante o centro comercial, agarrar wifi y ahí hacer reservas de hoteles, buses, etc.

Seguimos en nuestra misión y al rato paró un chino. Yo no le entendía nada; solo nos dijo que nos subiéramos. El problema: el chino no sabía ni inglés, ni alemán, y mucho menos español. Nos montamos y de ahí a Dresden nos quedaban poco más de 450 km.

Parce, como ese chino no hablaba nada y no nos podíamos comunicar, yo me hice atrás, Aran se hizo adelante y yo me dormí. Cuando el chino nos recogió era temprano, no eran ni las 9 a. m., y cuando me desperté ya era un poco más de las 11. Habíamos estado con él más de 2 horas y yo pensé: “¡Super bien! Seguro ya hicimos más de 200 km mínimo”. Hay que tener en cuenta que en Alemania las autopistas son rápidas: carriles donde la mínima es 130 y otros sin límite.

Pero al rato el chinito se salió de la autopista y creería que nos dijo que ahí se desviaba. Como les dije, no le entendíamos nada, jajaja, y nos dejó debajo de un puente a la salida de la autopista.

Lo primero que hicimos fue estirar y yo dije: “Voy a subir al lado de la autopista a ver si encuentro un letrero de cuánto nos queda”. Yo estaba convencido de que ya faltaban menos de 250 km. Pero parce, me voy, camino como 5 minutos, encuentro el letrero y lo que veía no lo podía creer: faltaban 400 km. ¡Parce, 400! Cuando desde Frankfurt eran como 450 en total. Ese chino quién sabe por dónde se metió, si en dirección contraria o dando vueltas, pero estuvimos más de 2 horas con él… y nosotros bien cómodos durmiendo jajajaja.

La cosa fue que dijimos: “bueno, ya qué, habrá que seguir”. Pero aprovechamos a comer y, muchachos, estábamos debajo de un puente, limpiecito, con una bolsa llena de aerosoles. Parce, yo nunca había hecho un graffiti en mi vida, nunca había rayado una pared… seguramente ese momento estaba destinado. Así que sacamos las latas y dejamos nuestra primera obra mochilera en la autopista de Alemania jajaja.

Graffitis, buena suerte y llegada a Dresden:

Después de mostrar nuestros dotes artísticos jajajaja volvimos a estirar el dedo. Como a la media hora paró un señor; este sí era alemán y nos dijo que nos podía llevar 300 km. El tipo hablaba alemán y seguramente también inglés, pero yo, para esa época, a duras penas hablaba español jajaja. En menos de tres horas y media ya habíamos hecho esos 300 km.

Ahí nos dejó en una estación de gasolina, nos faltaban menos de 100 km. En esa estación aprovechamos para cargar los celulares, tomar un cafecito y luego volvimos a la carretera. Estuvimos como una hora intentando, y ya pensábamos que nos iba a tocar dormir ahí porque se estaba haciendo de noche. Pero justo nos paró otro carro y nos dijo que nos podía dejar a 20 km de Dresde, en una estación de gasolina con hotel.

Ya cuando llegamos allá estábamos reventados. Nos fuimos a acostar atrás del hotel, en los sleepings. Incluso hasta nos dieron plata: un muchacho nos tiró como 10 euros. Yo le decía que no, que no era necesario; él insistía que sí; yo que no… al final los dejó ahí y se fue. Me sentí como un indigente, pero agradecido.

Al otro día en la mañana volvimos al ruedo y, parce, tuvimos demasiada suerte. No pasaron ni 20 minutos y ya teníamos transporte. Antes de las 8 a. m. ya estábamos en la estación de trenes de la ciudad y, para tener más suerte, cuando fuimos a mirar a qué hora salían los trenes para el pueblo al que íbamos… ¡nos encontramos dos boletos de tren de todo el día en la máquina! Estoy seguro de que el que los compró confundió el recibo con los boletos y los dejó ahí tirados.

Esos tickets incluían todos los transportes públicos de la ciudad y trenes a los pueblos de alrededor. Cada uno costaba como 30 euros, pero para nosotros fueron gratis. Qué pesar por el que los perdió, pero gracias a eso conocimos toda la ciudad y además ya teníamos cubierto el tren casi hasta el campamento.

El tren salía hasta la tarde, así que aprovechamos para conocer todo el día el centro de Dresden. Ya en la tarde salimos en el tren y nos encontramos con los parceros.

Campamento en Alemania: naturaleza, fogatas y nuevas amistades

Cuando llegamos al campamento nos recibió un parche increíble. Fueron varios días de desconexión total en medio del bosque, caminatas largas, escaladas por las montañas y baños en el río. Obviamente no faltaron las politas (cervezas en Colombia) ni las fogatas en las noches.

Conocí un montón de campistas, hippies y viajeros de todas partes, aunque no les niego que nunca les entendí nada jajajaja, porque como les conté, en ese tiempo apenas sabía decir yes y no en inglés. Pero igual la pasamos brutal, entre risas, música, historias que no entendía pero igual disfrutaba, y esa vibra de libertad que tienen los campamentos.

El lugar era hermoso, rodeado de paisajes que parecían sacados de una postal. Fue un descanso perfecto después de tanto autostop y kilómetros a cuestas.

Después de esos tres días, la idea era seguir a Praga, en República Checa, que quedaba a unos 120 km del campamento.

Autostop hasta Praga y la sorpresa del señor de los embutidos:

Los amigos nos llevaron en su carro hasta una pequeña ciudad en la frontera con Chequia llamada Děčín. Ahí fuimos a almorzar, a conseguir nuestro cartel para el autostop, nos despedimos de ellos y seguimos.

No pasaron ni 15 minutos cuando nos paró un señor. Parce, la verdad el man tenía cara de buena gente jajajaja. Nos dijo que nos podía llevar unos 20 km, que después nos dejaba en la carretera y ahí mirábamos cómo seguíamos. Nos pareció bien y arrancamos.
El tipo nos llevó, nos dejó en un punto de la carretera y se fue. Pero a los pocos minutos volvió a pasar y nos dijo: “Ah, caminen, los llevo hasta Praga”. Tremenda suerte.

Resulta que el señor tenía una tienda de embutidos, chorizos y salchichas, y no solo nos dejó prácticamente en la entrada del centro de la ciudad, sino que además nos regaló una bolsa llena de carne, aunque lo irónico es que para ese tiempo Aran era vegetariano, por lo que los chorizos fueron para mí. Parce, la buena para ese señor donde quiera que esté, le deseo lo mejor del mundo.

Ya en Praga, habíamos cumplido el primer gran objetivo del viaje con Aran. Y muchachos, si alguna vez tienen la oportunidad de visitar Praga, nunca la desaprovechen. En mi opinión es una de las mejores capitales de Europa: una ciudad que parece de película, preciosa por donde se le mire. Además, a comparación de otros destinos europeos, es súper económica.

Sin mentirles, hoy todavía está en mi top 5 de las mejores ciudades capitales de Europa.

Descubriendo Praga y la magia de Hostelworld:

En Praga estuvimos 3 días y, se los juro, no alcanzó. Es una ciudad que algún día volveré a visitar. Normalmente no me gusta repetir destinos, a menos que sea necesario, pero este es uno de esos lugares que definitivamente quiero volver a vivir.

Y aquí les voy a dar otra recomendación que para mí fue indispensable en ese viaje: Hostelworld.
👉 Hostelworld es una plataforma donde puedes encontrar hostales de todo tipo en cualquier parte del mundo, desde los más básicos hasta los más modernos. Lo bueno es que puedes comparar precios, leer reseñas de otros viajeros y, además, es una forma brutal de conocer gente, porque la mayoría de los mochileros reservan por ahí.

Praga es literalmente una postal en cada esquina. Puentes, castillos, calles empedradas y ese aire medieval que la hace única. El ambiente era tan acogedor y las vibras tan buenas que sentí como si estuviera dentro de una película.

Mochilear por Europa

FlixBus, Alemania otra vez y la ruta en bicicleta:

Ya en la vuelta desde Praga sí volvimos en bus, con FlixBus, que en esos países de Europa es de las mejores opciones de transporte y, aparte, súper económico en muchas ocasiones.

👉 FlixBus es una empresa de buses que conecta casi toda Europa a precios muy bajos. Lo bueno es que tienen rutas constantes, puedes reservar todo desde la app y los buses suelen ser cómodos y con wifi. Para los mochileros es una alternativa excelente porque con poco presupuesto logras moverte largas distancias.

Aran en ese tiempo vivía en un pueblo llamado Kirchhain, cerca de la ciudad de Marburgo, en Alemania. Allá estuve visitándolo durante una semana. Mientras él trabajaba, yo salía a montar bicicleta por todos los pueblos de alrededor. Algo que sí me impresionó de esa zona de Alemania fue lo bien conectados que estaban todos los pueblos con ciclorutas: salir a montar bici era increíble.

Después de esa semana me fui a visitar a otra amiga en la ciudad de Stuttgart. Estuve tres días allá recorriendo la ciudad y los palacios, y desde ahí empezó mi recorrido en solitario.

La idea era recorrer gran parte del Mediterráneo italiano y francés. Para eso elegí empezar en Venecia y seguir en línea recta hasta llegar a Bilbao. Que aunque obviamente Bilbao no está en el Mediterráneo, no me tenía que desviar tanto si trazaba la línea.

Venecia y el inicio del tramo mediterráneo:

Salí de Alemania hacia Italia en avión, el cual conseguí en Skyscanner, que siempre fue mi herramienta favorita para buscar vuelos baratos.

👉 Skyscanner es un buscador que compara precios de aerolíneas y agencias de viaje en todo el mundo. Lo bueno es que puedes poner fechas flexibles y destinos abiertos, lo que te permite encontrar verdaderas gangas. Para mochileros y viajeros de bajo presupuesto, es una joya porque te da opciones que de otra manera ni te imaginarías.

Llegué a Venecia. La verdad no encontré lugares ni hostales económicos en la ciudad, al menos no para mi presupuesto, pero a las afueras, como a 20 minutos, encontré un camping que costaba unos 25 euros la noche. Eran tiendas de campaña con cama, bastante cómodas, y el camping contaba con todos los servicios.

Lo que sí, muchachos, es que en Venecia el calor era insoportable. Esa carpa no tenía ni ventilador ni nada, así que apenas amanecía era imposible dormir. Yo digo que en pocos lugares he sentido el calor que sentí en Venecia.

Estuve cinco días allí. En ese tiempo no estaba tan abarrotada como se ve hoy en día: pocos influencers, poca promoción, nada de las multitudes que hoy llenan cada rincón. La verdad agradezco haberla conocido hace más de 10 años.

Recuerdo que compré un tiquete que incluía ferris y buses cercanos ilimitados por tres días, me costó como 35 euros. Con eso literalmente recorrí todos los rincones de Venecia, aparte de las islas, playas y pueblos cercanos. Fue una experiencia demasiado buena.

Aunque no les niego que el centro de Venecia sí era muy costoso, yo me las apañé comiendo kebab y comprando en el supermercado al lado del camping. Aun así, la ciudad superó mis expectativas. Es demasiado bonita y hay muchísimo por conocer, sobre todo en los alrededores. La mayoría de la gente se apretuja en la Plaza San Marcos y no se da el tiempo de perderse por los canales y callejuelas.

Además, están las otras islas y pueblos: Murano, famosa por el vidrio soplado; Burano, con sus casitas de colores; Lido con su ambiente playero, y muchos más. Hoy en día en verano seguramente todo está abarrotado, pero en ese tiempo tuve una experiencia inolvidable.

De Génova a Niza: la costa más hermosa del viaje

De Venecia seguí por tierra, tomé un BlaBlaCar que me llevó a Génova, donde estuve tres días. Es una ciudad pequeña, no tiene tanto turismo como otras, pero es bastante pintoresca y muy recomendada. Nada que ver con los precios de Venecia: aquí sí pude darme el gusto de comer en buenos restaurantes italianos y disfrutar la gastronomía como debía ser.

De Génova pasé a Francia. Mi BlaBlaCar fue con una señora inglesa que viajaba con su hijo adoptado, un niño filipino. Esa señora era todo un amor; la verdad también me adoptó a mí jajajaja. Mi destino era Niza, y fuimos por la autopista que bordea el Mediterráneo, pasando por pueblos italianos y franceses. Les digo, es una de las mejores carreteras que he visto en mi vida: las vistas al mar, los acantilados, los túneles y los pequeños pueblos hacen que cada kilómetro valga la pena.

Si alguna vez tienen la oportunidad de alquilar un carro o una moto para recorrer esa ruta, no se la pierdan. Es un viaje que se queda grabado.
En Niza iba a estar tres días más. La señora me adoptó de verdad y con el niño prácticamente me volví como un hermano. Me invitaron a conocer Mónaco, que fue toda una experiencia: yo iba en modo playa, relajado, y claro, esa es la meca de la opulencia y el lujo. Fue muy gracioso ver cómo la gente me miraba por encima mientras yo caminaba fresco por toda la ciudad.

Mónaco es un lugar que está bien para conocer una vez, pero no es un destino al que volvería. Demasiada apariencia y demasiado ego en la gente de allá. Aun así, la experiencia fue divertida y curiosa.

También visitamos las playas de los pueblos cercanos a Niza. Y ya por mi cuenta, Niza me sorprendió muchísimo. A muchos no les gusta, pero para mí fue increíble: un ambiente festivo, playero, con vida en cada esquina. Y es que no nos digamos mentiras, en general las ciudades francesas del Mediterráneo tienen una belleza muy especial.

Algo que sí me impresionó bastante en esa parte del viaje fue la migración. En Alemania y en Niza me tocó ver cientos de migrantes sirios que estaban escapando de la guerra en su país.
Fue un golpe de realidad: mientras uno viajaba por placer, otros viajaban por necesidad. Ellos no buscaban fotos bonitas ni aventuras, buscaban sobrevivir. Y ahí es cuando uno entiende que viajar también te abre los ojos a la desigualdad del mundo

Montpellier, Toulouse y el cierre del Eurotrip:

Seguía con mi ruta en BlaBlaCar, y ya se me estaba acabando el Eurotrip. De Niza me fui con unos italianos que viajaban en una autocaravana por toda Europa. Eran bastante hippies y marihuanos, pero muy buena onda, y con ellos llegué a Montpellier, una pequeña ciudad francesa muy acogedora.

Era verano y aun así la ciudad estaba tranquila, con buena oferta gastronómica y bares muy parchados. Allí conocí a unos argentinos que tenían un restaurante de choripanes y empanadas. Fue un alivio gigante: después de más de un mes, por fin había conocido a alguien que hablara español.

Yo no estaba cansado, la verdad quería seguir viajando, pero el dinero y el tiempo se estaban acabando, ya pronto debía volver a estudiar. Estuve tres días en Montpellier y luego salí hacia Toulouse.

De todas las ciudades que visité en este viaje, Toulouse fue la más suave. Caminé bastante, aproveché los últimos tres días para disfrutarla a mi ritmo, pero sí sentí que era la ciudad con menos opciones culturales y de entretenimiento del recorrido. Igual, fue el cierre tranquilo que necesitaba después de casi dos meses intensos.

Al final, después de Toulouse, regresé a España. Terminé ese primer gran Eurotrip lleno de recuerdos y aprendizajes. Había conocido muchos lugares, muchísima gente (aunque no les entendiera casi nada jajaja), y confirmé que con mapas de papel, carteles improvisados y un poco de suerte, uno se puede mover por toda Europa.

En ese tiempo todavía no usaba eSIM ni sabía que se podían descargar los mapas en el celular. Era muy buñuelo viajando, apenas estaba aprendiendo. Pero lo que sí me salvó fueron las apps que me acompañaron todo el camino: BlaBlaCar, Skyscanner, FlixBus y Hostelworld. Esas fueron mis verdaderas aliadas y todavía hoy las sigo recomendando.

Conclusión: mochilear por Europa con propósito y equilibrio

Ese primer Eurotrip fue la confirmación de que con ganas, organización y un poco de locura, se puede recorrer gran parte de Europa sin necesidad de ser millonario. Fueron casi dos meses viajando, conociendo gente, ciudades, playas, pueblos, castillos y carreteras que todavía hoy recuerdo como si fuera ayer.

Y lo más increíble es que todo el viaje, hace ya 10 años, me salió por alrededor de 1.000 euros. Obviamente, ahorrando lo máximo posible, acampando, durmiendo en hostels, haciendo autostop, comiendo todo de supermercados, pero también dándome mis gustos en lugares específicos que lo merecían. Esa mezcla de austeridad y pequeños lujos fue lo que le dio el equilibrio perfecto al viaje.

Gracias por leer este blog y acompañarme en este recorrido que marcó tanto mi vida. Si llegaste hasta aquí, te invito a seguir explorando los otros capítulos donde voy contando mis experiencias, viajes y aprendizajes. Cada blog tiene una historia diferente, pero todos comparten algo en común: las ganas de salir, conocer y vivir el mundo con los recursos que uno tenga.

👉 Nos vemos en el siguiente blog ✈️🌍

Este primer Eurotrip mochilero me enseñó que viajar no se trata del dinero que llevas, sino de las ganas que tienes de conocer y vivir.
En mi eBook Viajero Inteligente comparto las herramientas que uso para planear, ahorrar y disfrutar viajes de larga duración con propósito.
Y si quieres seguir mis aventuras actuales, te invito a hacerlo en Instagram, donde comparto experiencias, rutas y consejos de viaje en tiempo real.

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