Mi viaje por África: cumpliendo el sueño de conocer Egipto y Marruecos
El comienzo de una nueva aventura
Marzo del 2022. Después de uno de los años más locos y, a la vez, más tristes de mi vida, salíamos de nuevo a explorar el mundo. Esos cuatro meses en Malta me habían marcado, desde la ruptura amorosa más grande que había tenido hasta varias de las decisiones más importantes que había tomado en los últimos años. Arrancábamos con una mente llena de nuevos sueños, expectativas y emoción, al menos por lo que se venía en los próximos cuatro meses.
Volvíamos a la ruta. Un viaje, dos continentes.
Desde que había decidido renunciar a mi vida como cocinero en Malta en diciembre del 2021 y volver a Colombia, había empezado a planear ese viaje soñado que iba a hacer antes de volver. Sabía que esta vez no me quería quedar solamente en Europa; quería ir más allá y aprovechar para pisar suelo en mi quinto continente.
Un sueño que tenía desde niño
Yo no sé si esto les pasa a todos, pero desde niño yo había tenido una lista de cinco países o lugares a los que siempre había querido ir. La lista se componía de: Australia, Egipto, Hawái, Jamaica y un safari africano en Kenia, Tanzania o Sudáfrica.
En mi lista solo había podido cumplir uno de esos sueños, el que estaba de primero: Australia. Aún me quedaban otros cuatro más y tenía la oportunidad de tachar el segundo de mi lista: Egipto.
¿Cómo terminé viajando con Lethal Crysis?
Como una señal del destino, uno de los youtubers que más me gustan y que más admiro, llamado Lethal Crysis, había empezado a hacer viajes grupales y expediciones en varios países del mundo.
Lethal Crysis es un creador de contenido español especializado en viajes de aventura y expediciones a algunos de los lugares más remotos del planeta. En su canal de YouTube documenta culturas, conflictos, tradiciones y destinos poco convencionales, ofreciendo una visión muy diferente al turismo tradicional. Vi que tenían una salida de dos semanas a Egipto exactamente en los días que yo tenía pensado ir.
Los contacté y, sin dudarlo dos veces, me inscribí a su expedición, que, si había sido armada por él, estaba seguro de que iba a ser una locura.
Y el segundo destino era Marruecos. Justo habían quitado el visado para los colombianos, por lo que, aprovechando la facilidad, además de que ya varias personas me habían dicho que era una locura de país, me había decidido por pasar un mes recorriéndolo, pero esta vez por mi cuenta.
Rumbo a Egipto
Cuando salí de Malta me fui directamente a Madrid. Allá me iba a quedar un par de días donde un amigo, que me iba a hacer el favor también de guardarme todas mis cosas mientras yo hacía el viaje a Egipto.
Y se llegó el día. Me encontré con todo el grupo con el que iba a hacer la expedición egipcia de la mano de Ojo de Nómada en el aeropuerto y salimos. La entrada en ese momento al país fue fácil, la verdad. En Egipto se necesitaba visado, pero se sacaba directamente en el aeropuerto y tenía un costo de 50 dólares, trámite que salió rápido y sin ningún contratiempo.
El recorrido que hicimos fue de Madrid a Asuán, donde íbamos a empezar la expedición, teniendo una pequeña escala en El Cairo, donde hicimos migración.
Asuán: la puerta de entrada al Alto Egipto
Aterrizamos en Asuán. Esta ciudad, ubicada a orillas del río Nilo, en el sur de Egipto, ha sido durante siglos uno de los puntos más importantes del país.
Además de ser famosa por la Gran Presa de Asuán y por su cercanía con los templos de Abu Simbel, también es considerada la puerta de entrada a la histórica región de Nubia.
Su ambiente tranquilo, el río Nilo y la mezcla entre historia y cultura la convierten en un excelente lugar para comenzar cualquier recorrido por el sur de Egipto.


La bienvenida a Asuán
Desde que llegamos nos recibieron, la verdad, demasiado bien. Resulta que la persona que nos recibió era un tipo al que le decían Momo. Él tenía su agencia y, al parecer, era toda una eminencia allá en la ciudad; todo el mundo lo conocía. Ahí también me di cuenta de que él era quien recibía siempre la visita de influencers famosos y diferentes personalidades de las redes, como Luisito Comunica y otros youtubers que habían ido a grabar a Egipto.
Apunten la ruta, porque aparte de conocer lugares turísticos, la verdad es que también visitamos lugares demasiado locos, lejos de las guías normales que hacen todos los turistas. Por eso también me gustó mucho hacerlo con Ojo de Nómada, la empresa de Lethal. La verdad, hubiera sido muy difícil hacer todo lo que hicimos y visitar todos esos lugares por nuestra cuenta.
Una noche entre el Nilo, té, cerveza y nuevas amistades
Esa primera noche nos fuimos a comer comida callejera y de ahí nos hicieron la bienvenida en un lugar frente al río Nilo, en la Isla Elefantina, un sitio espectacular desde donde se veían, al otro lado, todas las luces de la ciudad.
Egipto es un país de mayoría musulmana, por lo que el consumo de alcohol no es común y en muchos lugares simplemente no se vende. El lugar no era como tal un bar; era un sitio tradicional donde la gente iba a tomar té y compartir.
Pero ahí empezaba a entrar en acción Momo, que nos llevó las cervezas y, además, la weed. El tipo era de lo más gracioso y amigable que había conocido. De una entró haciendo bromas y compartiendo con todos. De verdad, él hizo que esa primera integración en la tierra de los nubios fuera un éxito.
Dormir frente al río Nilo
Entre fiesta, historias y conversaciones, nos llevaron a una cabaña también en la misma Isla Elefantina, frente al río Nilo, teniendo al otro lado la ciudad de Asuán.
Hay varios Airbnb por ese lado por si visitan la ciudad. Es increíble porque ves todo el malecón de Asuán y los cruceros que van arrancando su travesía por el río Nilo. Además, no tienes la bulla constante ni el caos de la ciudad. Puedes verlo todo desde un lugar mucho más privado y tranquilo, simplemente cruzando el río.
Amanecer en la tierra de los nubios
Al otro día se armaba en las tierras nubias. Los nubios son uno de los pueblos más antiguos de África y han habitado durante miles de años el sur de Egipto y el norte de Sudán, siempre ligados al río Nilo. Su cultura, su idioma, sus tradiciones y el colorido de sus pueblos hacen que esta región tenga una identidad completamente diferente al resto del país.
El sol salía por uno de los ríos con más historia del mundo. Se veían las falucas, unas embarcaciones tradicionales de vela que han navegado el río Nilo desde hace siglos y que todavía hoy siguen siendo uno de los símbolos más representativos de Egipto. También pasaban lanchas y cruceros cruzando este río que siempre había querido conocer.
Salíamos en la mañana a explorar un poco el centro de la ciudad, comprar las SIM cards egipcias y, de ahí, salíamos a explorar el río Nilo aguas arriba, pasando por lugares como la Isla Agilkia, el Templo de Philae y el Quiosco de Trajano.
La Isla Agilkia fue el lugar donde se reconstruyó el Templo de Philae después de la construcción de la Gran Presa de Asuán. Para evitar que el complejo quedara completamente inundado, la UNESCO trasladó piedra por piedra el templo desde su ubicación original, convirtiéndolo en uno de los mayores proyectos de conservación arqueológica del siglo XX.
Luego continuamos hacia la Puerta de Isis, ubicada en la isla de Bigeh. Este antiguo monumento formaba parte del complejo religioso dedicado a la diosa Isis y durante siglos marcó uno de los lugares sagrados más importantes del antiguo Egipto, muy cerca del Templo de Philae.


Un atardecer inolvidable sobre el Nilo
Más arriba de donde estábamos había una presa con un lago artificial llamado el Lago Nasser. Con más de 500 kilómetros de longitud, es uno de los lagos artificiales más grandes del mundo y nació tras la construcción de la Gran Presa de Asuán en la década de 1960. Además de abastecer de agua y energía a Egipto, bajo sus aguas quedaron sumergidos numerosos templos y antiguos asentamientos que tuvieron que ser trasladados antes de que el lago fuera llenado.
Pero antes de llegar a la presa, hasta donde dejaban entrar los barcos y las lanchas, el río estaba encañonado por dos paredes de roca grandísimas que creaban un paisaje, la verdad, de película.
Y es que, para terminar el día, nos subimos por una de estas paredes a tomar café nubio y ver el atardecer. El café nubio suele prepararse con una mezcla de café molido y especias como cardamomo, clavo y canela, lo que le da un aroma muy particular y hace que compartir una taza sea parte importante de la hospitalidad de esta región.
Sin mentirles, fue uno de los atardeceres más increíbles que había vivido. No solo porque el atardecer estuvo en si estuvo increíble, el sol en el desierto se ve y se siente diferente, sino porque para mí era un sueño estar ahí.
Tres días navegando el río Nilo
Volvíamos a Asuán para continuar al siguiente día con una de las mejores experiencias que he tenido en la vida.
Resulta que uno de los planes era bajar por el río Nilo en las falucas desde Asuán hasta el Templo de Kom Ombo. Pero no solo era eso, también la idea era ir haciendo paddle surf por el río en varios momentos del día.
Realmente el templo no estaba lejos de la ciudad, estaba a unos 50 kilómetros, pero como nos íbamos dejando llevar por la corriente, además de bajar haciendo paddle surf, estuvimos tres días y dos noches recorriendo el Nilo.
Vean, ese río es una cosa espectacular. Las orillas del río están cubiertas de palmeras y cultivos, pero metros más atrás se alzan montañas de dunas y aparece el desierto en su máxima expresión. Y no solo eso, el río es una completa belleza.
No tengo palabras para describir lo que fue esa experiencia. De verdad sentía una sensación de libertad. Mencionando también a los muchachos que manejaban las falucas y a sus ayudantes, nos dieron un viaje de nunca olvidar. Qué gente tan especial, siempre atentos, y la comida que nos hacían era siempre deliciosa.
Dormíamos a orillas del río, sobre las falucas, en medio de la nada, con todas las estrellas alumbrando el espectáculo del lugar en donde estábamos.
La verdad es que en ese momento sentía que estaba soñando. Ha sido uno de los momentos viajeros más especiales que he tenido en mis doce años como viajero.


Explorando una ciudad fantasma
Entre esos días, además de las risas haciendo paddle surf, también en ciertos momentos bajábamos de las falucas a explorar.
Entramos a New Aswan, una ciudad construida como parte del crecimiento urbano de Asuán y pensada para descongestionar la ciudad histórica. En ese momento todavía estaba en pleno desarrollo y gran parte de sus edificios permanecían vacíos o sin terminar, lo que le daba una apariencia bastante surrealista.
Todas las casas y edificios parecían abandonados. La ciudad parecía una ciudad fantasma. Éramos los únicos explorándola y metiéndonos en edificios en construcción.
El Templo de Kom Ombo y el camino hacia Luxor
Luego, en la tarde de ese tercer día después de salir de Asuán, llegamos al Templo de Kom Ombo. Este es uno de los templos más curiosos de Egipto porque fue construido para rendir culto a dos dioses al mismo tiempo: Sobek, el dios cocodrilo, y Horus el Viejo. Su ubicación a orillas del río Nilo hacía que fuera una parada obligatoria para quienes navegaban estas aguas desde hace más de dos mil años.
De ahí salimos en dirección a Luxor, una ciudad considerada por muchos como el museo al aire libre más grande del mundo. La antigua Tebas fue la capital del Imperio Nuevo egipcio y concentra algunos de los templos y monumentos más impresionantes de toda la civilización egipcia.
Estuvimos un par de días por este lado de las tierras egipcias. Dejábamos atrás las tierras nubias buscando los mejores templos, visitando los Colosos de Memnón, dos enormes estatuas de más de tres mil años que representan al faraón Amenhotep III y que son todo lo que queda de su antiguo templo funerario.
Después recorrimos el Valle de los Reyes, el lugar donde fueron enterrados muchos de los faraones más importantes del Antiguo Egipto, entre ellos el famoso Tutankamón. Sus tumbas, excavadas en las montañas del desierto, todavía conservan pinturas y jeroglíficos con miles de años de historia.
Finalizamos el día en el espectacular Templo de Luxor, uno de los monumentos más emblemáticos del país y un lugar que, iluminado al caer la noche, parece de verdad que estuviéramos en otra época.


El Cairo y las Pirámides de Guiza
Después, en avión, rumbo a El Cairo.
Nos recibió ese día un colega de Momo que era el encargado de la parte operacional de la expedición en El Cairo. Comida, cervecitas y nos fuimos para el hotel.
Lo que yo no me esperaba era que el hotel literalmente tenía vistas a las Pirámides de Guiza. Nos habían dicho que estaba cerca, pero literalmente era cruzando la calle.
El desayuno del siguiente día también fue como un sueño, y ni qué decir de las pirámides.
Construidas hace más de 4.500 años durante el Imperio Antiguo, las Pirámides de Guiza son la única de las siete maravillas del mundo antiguo que todavía sigue en pie. La Gran Pirámide de Keops fue durante casi cuatro mil años la construcción más alta hecha por el ser humano y, hasta hoy, sigue siendo uno de los mayores misterios de la ingeniería de la antigüedad.
Tantas películas y programas que había visto de niño, y ese niño era el que estaba allá. Explorando, huyendo de los scammers o estafadores, pero disfrutando de ese momento que tanto había soñado, también pude entrar por dentro de varias de las pirámides que ya están adaptadas para el ingreso de los turistas.
El caos de El Cairo
No les voy a negar que El Cairo es una de las ciudades más caóticas y bullosas que he visitado en mi vida. Con más de veinte millones de habitantes en su área metropolitana, el tráfico hace parte del día a día y el ruido parece no detenerse nunca. Es una ciudad donde el desorden hace parte del paisaje, pero precisamente ahí también está gran parte de su encanto.
La verdad, no sé cuántos choques de carros vi. Era difícil no ver un carro que no estuviera chocado.
Pero agradecido de haber ido con Ojo de Nómada y que nuestros guías fueran locales, porque hacer todo este recorrido por cuenta propia no sé si hubiera sido tan sencillo.
Ese día fuimos a visitar varios mercados de El Cairo, el centro histórico y una fiesta donde pagué, creo, la cerveza y los shots más caros de toda mi vida.
Como Egipto es un país musulmán, saben que no toman alcohol, aunque en las grandes ciudades, un poco más abiertas al turismo, sí se consigue con relativa facilidad. De igual manera, no son muchas las discotecas donde venden alcohol y, en este caso, nos cobraban 25 euros por cerveza y 35 euros por unos shots de tequila que pedimos.


Rumbo al desierto occidental de Egipto
Solo nos quedaban como tres días más y era hora de internarnos en el desierto.
Salimos en 4×4 para adentrarnos en el desierto occidental de Egipto, una inmensa región que ocupa cerca de dos tercios del territorio del país y que forma parte del desierto del Sahara. A diferencia de la imagen que muchos tienen de un desierto compuesto únicamente por arena, aquí se mezclan enormes dunas, montañas de roca, oasis, formaciones geológicas y algunos de los paisajes más impresionantes de Egipto.
Pasamos por valles infinitos, montañas de roca y arena, templos en ruinas, paisajes rojizos y cielos totalmente azules.
Tuvimos la oportunidad de hacer sandboard también en las dunas y acampar en medio del desierto, que tenía algo bastante especial.
Resulta que este desierto antes era mar, por lo que por todos lados te encontrabas conchas y fósiles de los antiguos animales que habitaron por esta zona. Y este era apenas un abrebocas de nuestro destino del día siguiente: el Valle de las Ballenas o Wadi Al-Hitan.
Wadi Al-Hitan, el Valle de las Ballenas
Wadi Al-Hitan, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del planeta.
Hace millones de años toda esta región estaba cubierta por el mar de Tetis y hoy conserva cientos de fósiles de antiguas ballenas, tiburones y otros animales marinos.
Lo más impresionante es que aquí se encontraron fósiles de algunas de las primeras ballenas de la historia, permitiendo entender cómo estos animales evolucionaron de mamíferos terrestres a los gigantes marinos que conocemos hoy.


El final de una expedición inolvidable
De verdad que el viaje había sido perfecto. Esperaba demasiado de este y, aun así, llegué a sorprenderme más de lo que pensaba.
Volvíamos a El Cairo para tener nuestro último encuentro con todo el grupo. Tuvimos una fiesta en un barco por el río Nilo para despedirnos y, al otro día en la mañana, avión de vuelta a Madrid.
Así terminaban dos semanas recorriendo Egipto, un país que llevaba años soñando conocer y que terminó superando todas las expectativas que tenía antes de llegar.
Itinerario de la expedición por Egipto
Duración: 2 semanas
- 🇪🇸 Madrid
- 🇪🇬 El Cairo (escala)
- 🇪🇬 Asuán
- 🏝️ Isla Elefantina
- ⛵ Navegación en faluca por el río Nilo
- 🏄 Paddle surf sobre el río Nilo
- 🏙️ New Aswan
- 🏛️ Isla Agilkia
- 🏛️ Templo de Philae
- 🏛️ Quiosco de Trajano
- 🏛️ Puerta de Isis (Isla de Bigeh)
- 🌊 Lago Nasser
- 🏛️ Templo de Kom Ombo
- 🏛️ Luxor
- 🗿 Colosos de Memnón
- 👑 Valle de los Reyes
- 🏛️ Templo de Luxor
- ✈️ El Cairo
- 🔺 Pirámides de Guiza
- 🏙️ Centro histórico de El Cairo
- 🛍️ Mercados tradicionales de El Cairo
- 🏜️ Desierto Occidental de Egipto
- 🏂 Sandboard en las dunas
- ⛺ Campamento en el desierto
- 🐋 Wadi Al-Hitan (Valle de las Ballenas)
- 🚢 Despedida en un barco sobre el río Nilo
- ✈️ Regreso a Madrid
Marruecos: un viaje que nunca estuvo en los planes
La verdad, yo no había buscado mucha información de Marruecos antes. No sabía con qué me iba a encontrar ni lo que iba a visitar.
El viaje a Marruecos no había sido, a diferencia de Egipto, algo que hubiera pensado desde tiempo antes. Realmente fui porque en esos días habían quitado el visado para los colombianos en este país, así que dije: vámonos.
Antes de salir para Egipto, lo único que tenía eran los vuelos de Madrid a Marrakech y de Tánger a Madrid. Literalmente los había conseguido por menos de 40 euros los dos usando la opción de Skyscanner de buscar vuelos a cualquier lugar y encontrar el precio más barato.
Iba a estar alrededor de casi un mes recorriendo este país.
El itinerario perfecto, dibujado en una hoja de papel
En Egipto, uno de los colaboradores de Ojo de Nómada, la agencia con la que había ido, conocía muy bien Marruecos. Me decía que incluso conocía mejor Marruecos que la misma España, que era de donde él venía.
El tipo había pasado gran parte de su vida viviendo allá y en otros países africanos, por lo que prácticamente él mismo me hizo el mapa e itinerario de mi viaje.
Mientras volvíamos a España en el avión, le di una hoja de una libreta que siempre llevaba conmigo y un lápiz, y él me dibujó el mapa de cómo debía hacer mi viaje.
Me dio un montón de puntos de interés y, además, me dijo que sí o sí debía alquilar un carro. El transporte público, según él, muchas veces no era tan eficiente y, aunque las carreteras eran muy buenas, iba a perder demasiado tiempo entre un lugar y otro. Además, muchos de los sitios que quería conocer estaban bastante alejados.
También me dijo que incluso podía ahorrar dinero alquilando un carro, ya que si quería visitar lugares menos turísticos, más escondidos o alejados de las ciudades, iba a terminar pagando mucho más en transporte.
Le hice caso y, créanme, fue una de las mejores decisiones que pude tomar durante todo el viaje.
Mi llegada a Marruecos
Salí de España y empezábamos una nueva aventura en tierras bereberes.
Los bereberes, conocidos por ellos mismos como amazigh, son los pueblos originarios del norte de África. Su presencia en la región se remonta a miles de años antes de la llegada de los árabes y, aún hoy, conservan su propia lengua, tradiciones y una identidad cultural muy fuerte, especialmente en Marruecos, Argelia y otras zonas del desierto del Sahara.
Mi vuelo salió de noche y, en el aeropuerto, ocurrió el primer suceso del viaje.
Resulta que el oficial de migración aparentemente no sabía que los colombianos ya no necesitábamos visa para entrar. Esto era aún muy nuevo, por lo que cuando llegó el momento de revisar mi pasaporte me pidió la visa.
Yo le dije que no la necesitaba y él insistía en que sí.
Después de un rato le pedí, por favor, que, si podía llamar a un supervisor o a la persona a cargo, porque tal vez él no sabía que el requisito había cambiado y que la visa la habían quitado.
La verdad fue muy amable. Nunca fue una discusión, aunque por un momento sí pensé que me iban a devolver.
Cuando le hice esa petición agarró un teléfono y llamó a alguien. No entendía qué decía porque estaba hablando en árabe, pero cuando volvió hacia mí me dijo que sí, que yo tenía razón y que bienvenido a Marruecos.
Mi primera noche en Marrakech
Llegué a Marruecos tarde. Mi vuelo aterrizaba casi a las diez de la noche y yo no me quería poner a buscar transporte a esa hora.
Ese día quería darme un buen gusto, así que había reservado un hotel dentro de la medina de Marrakech que incluía el traslado desde el aeropuerto y también el desayuno.
La medina es el corazón histórico de muchas ciudades marroquíes. Son barrios antiguos rodeados por murallas, llenos de callejones estrechos, mercados tradicionales, pequeñas plazas y edificios históricos que conservan gran parte de la arquitectura y el ambiente original de hace siglos. Perderse caminando por ellas hace parte de la experiencia de visitar Marruecos.
La verdad, el hotel fue increíble y extremadamente barato. Me costó alrededor de 40 euros la noche y era un hotel bastante bonito y lujoso, así que iba a aprovechar para descansar bien esa noche.
Del hotel de lujo al hostel mochilero
Al siguiente día aproveché para desayunar y meterme un rato a la piscina del hotel antes del check-out.
Me iba a quedar en total otros tres días y dos noches en la ciudad, pero se salía completamente de mi presupuesto quedarme ahí.
No tenía pensado pagar más de 20 euros diarios por hospedaje en ese momento, por lo que ya había reservado un hostel a unas pocas cuadras del hotel que me costaba alrededor de 8 euros la noche.
Organizando el resto del viaje
Un muchacho del personal del hotel me preguntó si quería reservar algún tour para esos días.
Me preguntó cuánto tiempo me iba a quedar en Marrakech. Yo le dije que tres días más, pero que el presupuesto no me alcanzaba para seguir en el hotel, que igual iba medio en plan mochilero.
El tipo se rió.
Yo quería visitar las Cascadas de Ouzoud, uno de los paisajes naturales más famosos de Marruecos. Con cerca de 110 metros de altura, son las cascadas más altas del país y se encuentran rodeadas de montañas, senderos y bosques donde es muy común encontrarse con monos de Berbería viviendo en libertad.
Él me dijo que tenía el tour disponible, así que lo reservamos.
Aproveché además para preguntarle si tenía algún contacto de confianza que me alquilara un carro.
Le conté del itinerario que me habían recomendado en Egipto y me dijo que sí.
La verdad es que me salió bastante económico. Eran tres semanas de alquiler y el carro me lo llevaban al hotel el día que iba a salir de Marrakech. Luego lo recogían en la ciudad de Tánger, y me dijeron que no había ningún problema.
Me cobraron, en ese momento, un poco menos de 400 euros por las tres semanas. Eran aproximadamente entre 17 y 18 euros por día.
Lo único malo era que debía dejar otros 500 euros de depósito.
Yo le dije, entre risas, que si podía rebajarme el depósito porque me descuadraba la caja si le daba todo ese dinero.
Afortunadamente el señor aceptó y acordamos un depósito de 200 euros, que me devolvieron al final del viaje.
Descubriendo Marrakech
Ese día hice el check-out y me fui de camino al hostel donde tenía reservadas las otras noches para después irme a explorar Marrakech.
Ese día entendí una dinámica muy grande de ese país.
Resulta que allá, como en muchos países árabes, la mayoría de la población es musulmana y el consumo de alcohol no hace parte de la vida cotidiana. Pero yo no sabía que Marruecos es uno de los mayores productores y exportadores de hachís del mundo.
Hasta ese momento yo pensaba que Marruecos era solo desierto, pero estaba muy lejos de la realidad. Marruecos también cuenta con bosques, grandes cadenas montañosas, especialmente en el norte del país, y extensas zonas de cultivo donde, para mi sorpresa, sobresale el cannabis.
En España sí sabía que se consumía bastante el cannabis marroquí en todas sus presentaciones, pero no imaginaba lo importante que era dentro del país.
Y es que en la medina de Marrakech prácticamente me ofrecían en cada esquina.
Yo en ese momento consumía algo y me dio por comprarle a un muchacho que vendía al lado del hostel donde me iba a quedar una bola grandísima de hachís que me costó como 20 euros y que me duró prácticamente todo el viaje; tanto así que al final hasta me tocó regalar una parte. Esa misma bola tranquilamente en España me hubiera costado fácilmente más de 100 euros.
Recorriendo la medina de Marrakech
Salí del hostel a explorar la ciudad.
Marrakech es una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos y, probablemente, la más famosa del país. Fundada en el siglo XI, durante siglos fue un importante centro comercial entre el desierto del Sahara, las montañas del Atlas y las ciudades del norte de África. Hoy es uno de los destinos más visitados del continente gracias a su mezcla de historia, arquitectura y cultura.
Recorrí los pasadizos de la medina y sus zocos. Los zocos son los tradicionales mercados árabes y representan el corazón comercial de las medinas marroquíes. En ellos se puede encontrar prácticamente de todo: especias, alfombras, cerámicas, ropa, artesanías, lámparas, cuero y comida típica. Perderse entre sus callejones hace parte de la experiencia de visitar Marrakech.
También visité la Plaza Jemaa el-Fna, considerada el corazón de la ciudad, donde probé toda clase de comida callejera marroquí.
Después recorrí el Palacio El Badi, construido a finales del siglo XVI y que, aunque hoy permanece en ruinas, todavía permite imaginar la enorme riqueza y el esplendor que llegó a tener durante la época de los sultanes saadíes.
Más tarde pasé por el moderno barrio de Gueliz, la parte más contemporánea de Marrakech. A diferencia de la medina, aquí predominan las avenidas amplias, los cafés, restaurantes, tiendas internacionales y un ambiente mucho más occidental.
También visité la Mezquita Kutubía, el edificio religioso más importante de Marrakech y uno de los símbolos de la ciudad. Su minarete de 77 metros de altura domina todo el paisaje urbano y ha servido de inspiración para otras construcciones históricas como la Giralda de Sevilla.
Aunque preciosa por fuera, no te dejaban entrar, ya que allá no permiten el ingreso de turistas, o mejor dicho, de personas que no sean musulmanas. Algo que descubrí que pasaba en Marruecos en general, a diferencia de las mezquitas en Turquía, donde muchas de ellas son uno de los principales atractivos turísticos.


Las Cascadas de Ouzoud
Nuestro siguiente destino fueron las Cascadas de Ouzoud.
En el camino se podían ver las montañas aún nevadas del Atlas. La cordillera del Atlas atraviesa gran parte de Marruecos y separa las zonas costeras del desierto del Sahara. Sus picos superan los 4.000 metros de altura y durante buena parte del año permanecen cubiertos de nieve, convirtiéndose en uno de los mejores destinos del país para hacer senderismo, escalada e incluso esquí.
También me habían recomendado ir allá, pero hubiera necesitado al menos cinco días más o una semana para explorar toda esta región montañosa.
Llegamos finalmente a las Cascadas de Ouzoud, consideradas las más altas de Marruecos con cerca de 110 metros de caída. Rodeadas de vegetación y pequeños senderos, se han convertido en uno de los principales atractivos naturales del país.
Fue bastante bonito ver de primera mano una de las cascadas más altas de Marruecos. Además, el lugar estaba lleno de monos por todo lado.
En general, era un verdadero oasis marroquí.
Ese fue un tour de casi todo el día y la verdad nos dio bastante tiempo para explorar los alrededores.
Comienza el road trip por Marruecos
Al siguiente día me entregaban el carro para empezar la verdadera travesía.
Salí bien temprano en la mañana. Como a las cinco ya me estaban entregando el vehículo y antes de las seis ya estaba saliendo de la bella ciudad de Marrakech.
El recorrido de ese día era conocer la ciudad de Esauira y, de ahí, salir hacia el pueblo surfero de Taghazout, donde iba a estar tres días surfeando y explorando.


El consejo más importante si van a conducir por Marruecos
Aquí les voy a dar un verdadero consejo de vida si van a hacer algo parecido en Marruecos.
A mí nadie me contó que, en Marruecos, sobre todo en el norte, hay muchísimos controles de velocidad. No son cámaras; son policías de tránsito con pistolas de velocidad que van parando a los carros.
Son demasiado estrictos. Creo que el máximo que te dejan pasar son unos tres kilómetros por encima del límite; si no, te paran y te multan.
Casi siempre estaban ubicados en las entradas o salidas de los pueblos.
Nunca me había tocado estar tan pendiente de las señales porque cambiaban constantemente: de 80 a 60, de 60 a 50 y de 50 a 30 kilómetros por hora dentro de los pueblos. Muchas veces, sobre todo en los cambios de 80 a 60, uno ni se daba cuenta.
El problema es que la multa se paga ahí mismo y, si no pagas, te retienen la licencia de conducción. La verdad, no sé cómo hubiera sido el trámite para recuperarla.
Recuerdo que salí de Marrakech bastante confiado.
La verdad es que en esa parte del país las carreteras son extremadamente buenas. La mayor parte del tiempo eran autopistas amplias de dos y hasta tres carriles, así que yo iba rápido. No exageradamente rápido, pero sí por encima del límite.
Poco tiempo después de salir iba a 92 km/h en una carretera donde el límite era 60.
Ahí cayó la primera multa.
Me cobraron alrededor de 400 dirhams, que en ese momento eran unos 40 euros.
Los policías nunca me trataron mal ni nada, pero sí me advirtieron.
La segunda llegó antes de entrar a Esauira.
Iba a 99 km/h en una vía de 80.
Esta vez me cobraron unos 150 dirhams, que al cambio de ese momento eran aproximadamente 15 euros.
Las dos veces les expliqué que evidentemente yo no era de allá, que todavía no entendía muy bien cómo funcionaban los controles, pero no hubo nada que hacer.
Lo bueno era que los marroquíes suelen hablar varios idiomas: árabe, francés e inglés, y en el norte mucha gente también habla español.
Entonces al final siempre lograba comunicarme.
Aunque ese terminó siendo uno de los peores errores del viaje… pero ya les contaré más adelante por qué.
Las famosas cabras que se suben a los árboles
Una cosa muy loca que vi fue que en medio de la carretera había infinidad de cabras montadas sobre los árboles.
Yo nunca había visto algo así.
Aunque parezca mentira, en el suroeste de Marruecos es bastante común ver cabras trepadas sobre los árboles de argán. Estos animales suben buscando alimentarse de los frutos del árbol, mientras los pastores aprovechan esta habilidad para llevar sus rebaños a zonas donde hay alimento. Con el paso de los años se ha convertido en una de las imágenes más curiosas y fotografiadas del país.
Fue demasiado chistoso y sorprendente verlo con mis propios ojos. Jajajaja.


Esauira, entre murallas y mala suerte
Llegué a Esauira con ese sinsabor de las multas, pero igual con ganas de explorar. Llegué antes del almuerzo y me iba a quedar hasta la tarde allá.
Esauira, ubicada sobre la costa atlántica de Marruecos, es una de las ciudades más encantadoras del país. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es famosa por su medina amurallada, su puerto pesquero, sus calles blancas con puertas azules y el fuerte viento que la convierte en uno de los mejores destinos para practicar deportes como el kitesurf y el windsurf.
Mientras andaba por los mercados y almorzaba me pasó algo, y es que el de malas no tiene descanso.
Resulta que mientras esperaba la comida se me cayó el celular. Tenía el forro protector, pero desde tiempo atrás ya no tenía el protector de pantalla porque se había quebrado y nunca lo volví a poner.
La pantalla cayó de frente contra la esquina de una escalera.
Básicamente el forro no podía hacer nada.
Se me rompió toda la pantalla. De la mitad para arriba todavía se veía bien, pero de la mitad para abajo quedó prácticamente dañada. Medio se veía, pero aparecieron un montón de líneas por todos lados, titilaba todo el tiempo y parecía tener la estática de los televisores viejos.
Más rabia me dio. Jajajaja.
Pero no dejé que eso me dañara el día. Seguí explorando la ciudad y, unas horas después, volví a salir de camino hacia Taghazout.
El tercer comparendo del día
Vean… no había pasado ni una hora desde que salí y me volvieron a parar los policías.
Se los juro que esta vez sí iba súper pendiente de todas las señales.
La mierda sí que lo estaba.
Pero iba bajando una pendiente, la carretera era de 60 km/h y me marcaron 68.
A esos sí les rogué.
Les mostré que ya me habían puesto dos multas ese mismo día, que por favor me ayudaran, que no era mucho.
Pero ellos sabían que ahí estaba la platica… y también se la llevaron.
La cosa es que los comparendos no eran electrónicos. Simplemente llenaban unas hojas a mano y te las entregaban.
Yo todavía tengo mis dudas de si esa plata sí llegaría realmente a algún lado.
Esa también me costó unos 15 euros. Para ese momento ya llevaba alrededor de 70 euros en multas… y apenas era el primer día con el carro. Jajajaja.


Una tortuga que me cambió el día
Pero bueno…
Ya acercándome a Taghazout la verdad es que el paisaje empezó a cambiar por completo.
Era demasiado bonito, muy diferente a cualquier otro país que hubiera visitado.
Yo seguía aburrido por las multas y por el celular, cuando de repente llegó como una señal.
Vi una tortuga atravesando la carretera.
Como pude, estacioné el carro y la saqué de ahí.
No sé, hacer eso me dio una alegría muy grande.
Había salvado a la tortuga porque por esa carretera pasaban muchísimos carros y seguramente no hubiera durado mucho.
Ese momento me hizo agradecer dónde estaba y también agradecer por la vida.
Fue bastante bonito, la verdad.
Después de eso ya me faltaba poco para llegar.
Empecé a ver el mar y la carretera bordeaba unos acantilados espectaculares.
Justo llegué al atardecer.
Estábamos en primavera y todavía anochecía después de las siete de la noche, así que llegué al pueblo justo cuando empezaba a oscurecer.
Taghazout, el paraíso del surf en Marruecos
En Taghazout me iba a quedar tres noches, aunque tranquilamente me hubiera quedado muchas más.
Taghazout y los pequeños pueblos de los alrededores, como Tamraght o Aourir, se han convertido en algunos de los destinos surferos más importantes de Marruecos y de toda África.
Durante los últimos años han atraído a viajeros de todo el mundo gracias a sus olas, su clima durante todo el año y un ambiente relajado que mezcla surf, yoga, cafeterías, comida saludable y una fuerte cultura mochilera.
El ambiente de este lugar era increíble.
Un ambiente bastante hippie y playero, con muchísimo surf.
Yo había llegado a un hotel surfero que me había recomendado uno de los muchachos con los que fui a Egipto.
Él me dijo que allá me iban a tratar como un rey y tenía toda la razón.
El lugar se llamaba Surf Camp Morocco y quedaba en un pueblito muy cerca de Taghazout llamado Tamraght.


Surf, dunas y un ambiente increíble
El primer día en la mañana salimos a hacer sandboard y andar en 4×4 por las dunas y las montañas que se asomaban.
Una locura.
En la tarde hice mi primera clase de surf.
Al siguiente día en la mañana tuve la segunda clase y, en la tarde, me fui al skatepark, donde conocí varios locales y estuve con ellos mientras se pasaba el atardecer.
Como les decía, allá tranquilamente me hubiera podido quedar más tiempo.
Hay demasiadas actividades para hacer aparte del surf y, además, es un sitio con unas muy buenas vibras.
El mejor consejo para evitar las multas
Mientras hacía mis actividades con los muchachos del Surf Camp les hablé de todas las multas de tránsito que me habían puesto.
Me dieron un consejo que terminó salvándome el resto del viaje.
Estaba hablando con el dueño del hotel, que se reía de mi desgracia, pero también me decía que no era ni el primero ni el último al que le pasaba.
Me contó que esa carretera era una de las peores de Marruecos, no porque estuviera en mal estado, sino por la enorme cantidad de controles de velocidad.
También me dijo que una vez me adentrara en el desierto y en las ciudades del interior ya casi no iba a tener ese problema, porque la mayoría de los controles estaban cerca de las grandes ciudades y autopistas.
Pero ahí fue cuando me dio el consejo.
Me dijo que, si me volvían a parar, por nada del mundo les hablara en inglés, francés o mucho menos en árabe.
Básicamente me dijo que me hiciera el bobo.
Que me hiciera el completamente desorientado.
Que no entendía absolutamente nada de lo que me estaban diciendo, aunque realmente sí les entendiera.
Al final ellos no tenían cómo saber si yo hablaba inglés o no.
Eso sí, me advirtió que ese truco funcionaba sobre todo en esa parte de Marruecos.
En el norte ya no iba a servir de mucho, porque por la cercanía con España era bastante normal encontrar policías que hablaban español.
Agadir y la primera vez que funcionó el truco
Después de Taghazout salí para una ciudad que se llama Agadir.
Agadir es una de las ciudades costeras más modernas de Marruecos. Después de que un fuerte terremoto destruyera gran parte de la ciudad en 1960, fue prácticamente reconstruida desde cero, convirtiéndose en un importante destino turístico gracias a sus playas, su clima y su amplia oferta hotelera.
Allá solo iba a estar durante la mañana para recorrerla un poco, hasta después del mediodía.
Pero mi destino realmente no era esa ciudad.
Ese día debía llegar hasta Ouarzazate, donde iba a pasar unos cuantos días más explorando.
Saliendo de Agadir me volvieron a parar los agentes.
Esta vez también me había pasado un poco.
Era una carretera de 60 km/h y me cogieron como a 67.
Ahí fue cuando decidí probar el consejo.
Me hice completamente el pendejo.
Lo único que repetía era:
— No understand… no understand… solo español… only Spanish.
Los agentes intentaron explicarme varias veces.
Después llegó otro policía.
Como tampoco pudo comunicarse conmigo, llamó a un tercero.
Yo por dentro estaba que me explotaba de la risa porque entendía perfectamente lo que me estaban diciendo.
Pero seguí actuando.
Al final simplemente me hicieron una señal con la mano y me dijeron:
— Go slow… go slow.
Y yo respondí:
— Yes, yes… thanks.
Y arrancamos.
Había funcionado.
Rumbo al corazón del desierto marroquí
Cada día, se los juro, me asombraba más este país.
La verdad, no esperaba tantos contrastes. Había pasado de montañas boscosas aún con nieve a playas rocosas; ahora estaba yendo al desierto… y todavía me faltaba mucho por conocer.
Me levantaba en Ouarzazate, conocida como la puerta del desierto marroquí. Esta ciudad se ha convertido en uno de los centros cinematográficos más importantes del mundo gracias a sus paisajes desérticos y a la cercanía con antiguas fortalezas y montañas que han servido como escenario para decenas de películas y series.
Iba a tener un día bastante movido.
Para empezar, toda esta región es muy famosa porque gran parte de su economía gira alrededor de la industria del cine y la televisión.
Comencé bien temprano en la mañana visitando Ait Ben Haddou, un antiguo ksar o pueblo fortificado de adobe declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Gracias a su excelente estado de conservación ha servido como escenario para producciones como Gladiator, La Momia, Prince of Persia, Juego de Tronos y muchas otras películas y series.
Después finalicé el día recorriendo los Estudios Atlas, considerados los estudios de cine más grandes del mundo por superficie.
Allí se han grabado producciones como Gladiator, Kingdom of Heaven, Astérix y Obélix, Prison Break y parte de Game of Thrones, aprovechando los enormes escenarios construidos en pleno desierto.


Entre cañones y carreteras infinitas
Al siguiente día salía de Ouarzazate e iba a tener uno de los días más intensos del viaje, además de conocer varios de los paisajes más increíbles que vi en Marruecos.
Madrugué bastante porque mi intención era llegar ese mismo día al desierto.
Tenía pensado dormir en una pequeña ciudad llamada Erfoud, aunque una recomendación inesperada terminaría cambiando completamente mis planes.
La primera parada fueron las Gargantas del Dadés, un impresionante cañón excavado durante millones de años por el río Dadés, famoso por sus enormes paredes de roca rojiza, sus carreteras llenas de curvas y algunos de los paisajes más espectaculares del Alto Atlas.
Allí hice hiking durante toda la mañana.
Tuve la suerte de que un muchacho local, de unos quince años, se ofreciera a llevarme por todo el cañón.
No hablaba muy bien inglés y, obviamente, esperaba una buena propina.
Pero, sinceramente, si no hubiera sido por él, no sé cómo habría hecho esa caminata que terminó durando cerca de cuatro horas.
Las Gargantas del Todra y una recomendación inesperada
De ahí salí para otro lugar demasiado increíble: las Gargantas del Todra.
Este impresionante cañón alcanza paredes de roca de hasta 300 metros de altura y es considerado uno de los mejores destinos de Marruecos para la escalada deportiva. El pequeño río Todra atraviesa el cañón formando un paisaje que parece sacado de otro planeta.
Aquí aproveché para comer, ya que había varios puestos de comida callejera al lado del río, además de explorar un poco los cañones.
Justo antes de irme se me acercó un marroquí.
El tipo me preguntó de dónde era y empezó a hablarme en español.
Resulta que era guía turístico y además instructor de escalada.
Me contaba que ese lugar era uno de los mejores del país para escalar.
Y es que las paredes de roca gigantes eran una verdadera locura.
Yo le dije que qué lástima, pero que ya me tenía que ir.
Quería salir antes de que anocheciera para que no me cogiera la noche en medio del desierto… cosa que, al final, sí pasó.
Le dije que iba para Erfoud y, de una, me respondió que ni se me ocurriera.
Que mejor siguiera hasta Merzouga.
Me dijo que esa era la mejor parte del desierto.
Además, me contó que tenía un amigo allá con hotel y que podía organizarme toda la experiencia.
La verdad es que le hice caso.
Y menos mal.
Porque tanto él como todos los que conocí en el desierto terminaron siendo unos tipazos.
Lo llamó ahí mismo y le dijo que yo llegaría tarde esa noche y que me esperara.


El primer atardecer en el Sahara
Hay veces que los marroquíes son demasiado insistentes cuando quieren venderte algo.
Pero, por otro lado, muchos de los que me fui encontrando durante el viaje fueron personas increíblemente amables y siempre dispuestas a ayudar.
Salí a toda marcha porque Merzouga estaba bastante más lejos de Erfoud.
Igual me cogió la noche.
Pero justo antes de que anocheciera apareció uno de esos momentos que nunca se olvidan.
El atardecer me encontró entrando al desierto, con varios camellos caminando al lado de la carretera, grupos grandes y familias de estos animales cruzándome por el lado del carro.
De verdad…
Un espectáculo para cerrar un excelente día.
Mi primera noche en Merzouga
Ya había estado en el desierto en Egipto, pero con bastante asombro volvía a entrar en él.
Había un cielo tan estrellado que me tocó parar el carro unos minutos solo para contemplarlo.
Muy pocos vehículos pasaban por esas carreteras a esas horas de la noche.
La verdad nunca nadie me habló de problemas de seguridad y durante todo ese recorrido me sentí muy tranquilo.
Como a las once de la noche llegué finalmente a Merzouga.


Un recibimiento muy poco tradicional
Me recibieron demasiado bien.
Resulta que el dueño del hotel había vivido muchos años en España y luego volvió a Marruecos para abrir su hotel y ofrecer experiencias en el desierto.
Justo estaba comenzando el Ramadán, el mes más sagrado del islam. Durante este período, los musulmanes practican el ayuno desde el amanecer hasta la puesta del sol, además de dedicar más tiempo a la oración y a la vida familiar. Al caer la noche, las ciudades cambian completamente de ambiente y las familias se reúnen para romper el ayuno.
Yo estaba un poco inquieto porque no sabía si iba a poder encontrar comida, sobre todo en lugares tan apartados.
Pero resulta que el dueño ya no practicaba la religión musulmana.
Me recibió con dos cervezas y un plato de jamón ibérico.
Me dijo que después de vivir tantos años en España ya no seguía ninguna de esas costumbres.
Y se reía.
Un oasis en medio del Sahara
Al siguiente día fuimos a explorar un poco los alrededores de Merzouga.
Me llevó hasta un oasis lleno de palmeras y cultivos.
¡Sí, cultivos en medio del desierto!
Yo estaba impresionado.
Los oasis son pequeñas zonas fértiles donde el agua subterránea logra llegar hasta la superficie, permitiendo que crezcan palmeras, huertos y pequeños cultivos en medio del desierto. Durante siglos han sido fundamentales para la vida y el comercio de las caravanas que cruzaban el Sahara.
Cada familia de los alrededores tenía su pequeña parcela.
Después fuimos a comprar unas cervezas y regresamos al hotel porque antes del atardecer nos íbamos a ir a acampar en el desierto.


Una noche inolvidable bajo las estrellas
Y fue toda una experiencia.
Salimos con tres camellos y una cuatrimoto donde llevaban todo el equipo.
Íbamos el dueño del hotel y otros dos ayudantes.
Vivimos otro de los mejores atardeceres de mi vida.
Ir montado en un camello mientras el sol desaparecía entre las dunas del Sahara fue una imagen que todavía tengo grabada.
Los muchachos de la cuatrimoto se habían adelantado para montar el campamento.
En la noche hicieron una fogata.
Tomamos las cervezas que habíamos llevado y estuvimos ahí riéndonos, además de fumando del hachís que había comprado en Marrakech.
En cierto momento empezó a acabarse la leña.
Imagínense salir a buscar leña en medio del desierto.
El dueño estaba todo bravo porque los ayudantes no habían llevado suficiente.
Y yo me partía de la risa porque íbamos todos high.
Los mandó a buscar más.
Y yo, obviamente, me fui con ellos para vivir la experiencia.
No sé cómo, pero encontramos unos cuantos palos secos.
El problema fue que, cuando íbamos de regreso…
Nos perdimos.
Se los juro.
Duramos como una hora subiendo y bajando dunas.
Ellos hablaban entre sí en árabe y yo no entendía absolutamente nada.
Pero sí les veía la cara de preocupación.
Y si ellos estaban perdidos…
Imagínense cómo estaba yo.
No sé en qué momento logramos volver.
El dueño les pegó el regaño de la vida.
Se notaba que quería que toda la experiencia saliera perfecta.
Pero, sinceramente, para mí lo fue.
Independientemente de que faltara leña o de que nos hubiéramos perdido en el desierto, fue una de las mejores noches del viaje.
El mejor amanecer que he visto en el Sahara
Antes de dormir me dijeron que me iban a despertar antes del amanecer para subir la duna más alta que había cerca del campamento.
Este estaba ubicado en una especie de valle rodeado completamente por dunas, como si estuviéramos dentro de un enorme cráter de arena.
Uno de ellos me dijo, textualmente:
— Vas a ver, Mateo… un amanecer de puta madre.
Y tenía toda la razón.
Qué belleza.
Qué colores.
Subir esa duna me tomó cerca de cuarenta minutos porque daba un paso y retrocedía dos.
Era gigantesca.
Pero valió completamente la pena.
Si algún día van al desierto, les recomiendo totalmente subir antes del amanecer a la duna más alta que encuentren.
Pocos espectáculos naturales me han parecido tan increíbles como ver salir el sol sobre el desierto del Sahara.


Del desierto a un bosque lleno de monos
Volvimos antes del mediodía nuevamente a Merzouga y, al siguiente día, salí temprano rumbo a Fez.
Pero antes hice una parada de un par de horas en la Reserva Natural de los Cedros y recorrí el Bosque de Cedros Gouraud.
Esta reserva, ubicada en las montañas del Atlas Medio, es uno de los bosques de cedro más importantes del norte de África y el hogar de los famosos macacos de Berbería, los únicos monos que viven en libertad en esta parte del continente.
Vean…
Hacía apenas unas horas estaba en medio del desierto, rodeado de dunas.
Y ahora estaba caminando entre enormes árboles y viendo monos por todas partes.
Durante el recorrido también se alcanzaban a ver las montañas todavía cubiertas de nieve mientras seguía conduciendo.
Un contraste gigantesco.
De ahí continué mi camino hacia Fez, donde me iba a quedar otros tres días más.


Fez, la ciudad más cultural de Marruecos
Me levantaba ya en una gran ciudad: Fez.
Considerada la capital cultural y espiritual de Marruecos, Fez es una de las ciudades imperiales del país y alberga una de las medinas medievales mejor conservadas del mundo. Caminar por sus callejones es como viajar varios siglos al pasado, entre mezquitas, talleres artesanales, mercados y miles de pequeños comercios que siguen funcionando de la misma manera desde hace generaciones.
En ese momento estábamos en pleno Ramadán.
Cuando uno salía de las grandes ciudades era difícil conseguir comida, pero en Fez todo era bastante diferente.
No había hablado mucho de la gastronomía marroquí, no porque fuera mala, sino porque realmente no hay mucha variedad.
Llevaba ya un tiempo en Marruecos y, se los juro, todos los días comía prácticamente lo mismo.
No porque quisiera, sino porque no había mucho más.
Desde el cuscús hasta el tajín.
El cuscús es uno de los platos más tradicionales del norte de África y se prepara con pequeñas bolitas de sémola acompañadas normalmente de verduras y carne.
El tajín, por su parte, recibe el nombre tanto del recipiente de barro donde se cocina como del propio guiso, que suele prepararse lentamente con pollo, cordero o res, acompañado de verduras, frutas secas y especias.
Al principio tenía muchas ganas de probarlos.
Pero después de tantos días… ya no quería más.
De igual manera, aunque no fue una de las mejores gastronomías de los países que he visitado, eso no me dañó el viaje.
Para nada.
Y es que Fez tiene una infinidad de cosas para ver y hacer.
Perdiéndome por la medina de Fez
Uno de esos días me perdí completamente por la medina.
Se me fue un día entero caminando entre sus callejones.
La medina de Fez es considerada la zona peatonal urbana más grande del mundo y alberga miles de calles estrechas donde todavía hoy es muy fácil perderse. Su entrada más famosa es la Puerta Azul o Bab Bou Jeloud, construida a comienzos del siglo XX y convertida en uno de los símbolos más reconocibles de la ciudad gracias a sus mosaicos de color azul y verde.
También conocí las famosas curtidurías.
Las curtidurías de Fez llevan funcionando desde hace casi mil años y todavía conservan gran parte del proceso artesanal con el que transforman las pieles de cabras, ovejas y vacas en cuero. Los trabajadores utilizan cal, tintes naturales y otros productos tradicionales para preparar el cuero, lo que genera un olor bastante fuerte que se ha convertido en una de las experiencias más características de la ciudad.
La verdad fue impresionante.
Aunque donde hacían todo el proceso soltaba unos olores y unas sensaciones demasiado fuertes.
También aproveché para subir a los cerros y contemplar las antiguas murallas de la ciudad.
Nuevos amigos para el final del viaje
En Fez me hospedé en un hostel muy social, donde hacían actividades prácticamente todos los días.
Ahí conocí un montón de gente.
Entre ellos, dos alemanes que terminaron convirtiéndose en amigos y con quienes hice el resto del viaje.
Hasta ese momento no había hecho muchos amigos, más allá de los dueños y trabajadores de los lugares donde me había hospedado.
En esta ocasión terminamos armando un grupo bastante grande con el que recorrimos buena parte de la ciudad.


Chefchaouen, la famosa ciudad azul
Se nos estaba acabando el viaje, pero todavía me quedaban tres lugares más por visitar.
Así que salimos bien temprano de Fez rumbo a Chefchaouen.
Conocida mundialmente como la Ciudad Azul, Chefchaouen está ubicada entre las montañas del Rif y es uno de los destinos más fotografiados de Marruecos. Gran parte de sus calles, casas y escaleras están pintadas de diferentes tonos de azul, una tradición que, según distintas teorías, fue introducida por comunidades judías como símbolo espiritual y que hoy se ha convertido en la imagen más representativa de la ciudad.
Algo que sí me impresionó muchísimo fue lo normalizado que estaba el tema de la marihuana y el hachís en esa región.
Y no es que todo el mundo estuviera consumiendo en la calle.
Pero esa zona es muy famosa por sus cultivos de cannabis.
Básicamente, según lo que me contaban allá, de aquí sale gran parte del hachís que termina distribuyéndose por Marruecos y buena parte de Europa.
Algo demasiado loco es que incluso existen tours donde muestran los cultivos de cannabis y explican el proceso artesanal para producir el hachís.
Obviamente con degustación incluida. Aunque yo todavía tenía un montón del que había comprado en Marrakech.


Asilah, una despedida frente al Atlántico
Salimos de la hermosa y curiosa ciudad de Chefchaouen rumbo a Asilah, donde me iba a quedar únicamente una noche.
Asilah es una pequeña ciudad costera ubicada sobre el océano Atlántico, conocida por sus murallas portuguesas, sus calles blancas decoradas con murales y su ambiente tranquilo.
A diferencia del ritmo acelerado de otras ciudades marroquíes, aquí todo parece ir mucho más despacio, convirtiéndola en uno de los lugares más agradables para descansar durante un viaje por el norte del país.
Allá vivimos nuestros últimos momentos de esparcimiento con mis amigos alemanes, que me habían acompañado durante esa última semana de mi expedición marroquí.
De nuevo estábamos junto al mar.
La verdad, era una ciudad muy tranquila y romántica.
Tánger y el final del viaje
Para acabar el viaje, mi último destino era Tánger, donde iba a pasar mi última noche.
Ubicada frente al estrecho de Gibraltar, Tánger ha sido durante siglos el punto de encuentro entre África y Europa. Su ubicación estratégica hizo que por ella pasaran fenicios, romanos, árabes, portugueses y españoles, convirtiéndola en una de las ciudades con mayor mezcla cultural de todo Marruecos.
Salimos de Asilah y, apenas llegué a Tánger, me despedí de mis amigos, que seguían hacia otro destino.
También entregué el carro que me había acompañado durante todo el recorrido por Marruecos.
Todavía tenía esa tarde para explorar la ciudad.
El celular dijo: hasta aquí llegué
Como es que ya en la noche, estando en el hotel…
Mi celular explotó.
Bueno… no explotó de verdad, pero dejó de funcionar.
Se apagó y no volvía a encender.
Y eso que yo agradecía que fuera el último día.
Todavía tenía que hacer el check-in del vuelo, salir de Marruecos y volver a España.
¿Se acuerdan de que en Esauira se me había dañado la pantalla?
Pues ahora sí ya estaba prácticamente muerta.
Después de rezar para que encendiera un rato —siguiendo casi los mismos rezos de mis amigos marroquíes en pleno Ramadán— el celular volvió a prender.
Pero ahora la mitad inferior de la pantalla estaba completamente negra.
El táctil todavía funcionaba.
El problema era que no veía absolutamente nada.
Como pude hice el check-in.
Me demoré casi una hora porque ni siquiera alcanzaba a ver el teclado.
Vean…
Ni sé cómo lo hice.
Pero lo hice.
Al siguiente día salí de Marruecos con medio celular funcionando y volví a España.
Como pude llamé a mi amigo para que me explicara cómo volver hasta su casa y anoté todas las indicaciones en una hoja de papel porque ya no podía usar Google Maps.
Y muchachos…
Justo después de coger el metro…
Boom.
La pantalla quedó completamente negra.
El celular seguía encendiendo.
Pero ahora sí…
El display había muerto para siempre.
Itinerario del viaje por Marruecos
Duración: 1 mes
- 🇪🇸 Madrid
- 🇲🇦 Marrakech
- 🕌 Medina de Marrakech
- 🛍️ Zocos tradicionales
- 🍢 Plaza Jemaa el-Fna
- 🏰 Palacio El Badi
- 🏙️ Barrio Gueliz
- 🕌 Mezquita Kutubía
- 💦 Cascadas de Ouzoud
- 🚗 Road trip por Marruecos
- 🌊 Esauira
- 🏄 Taghazout
- 🏄♂️ Tamraght
- 🛹 Skatepark de Taghazout
- 🌴 Agadir
- 🎬 Ouarzazate
- 🏰 Ait Ben Haddou
- 🎥 Estudios Atlas
- 🥾 Gargantas del Dadés
- 🪨 Gargantas del Todra
- 🏜️ Merzouga
- 🐪 Desierto del Sahara
- 🌴 Oasis de Merzouga
- ⛺ Noche en campamento bereber
- 🌅 Amanecer en las dunas del Sahara
- 🌲 Reserva Natural de los Cedros
- 🐒 Bosque de Cedros Gouraud
- 🕌 Fez
- 🚪 Bab Bou Jeloud (Puerta Azul)
- 🧴 Curtidurías de Fez
- 🔵 Chefchaouen
- 🌊 Asilah
- 🌍 Tánger
- 🇪🇸 Regreso a Madrid
Conclusión: África superó todas mis expectativas
Cuando planeé este viaje pensaba que iba a cumplir uno de esos sueños que había tenido desde niño. Lo que nunca imaginé fue que terminaría siendo una de las experiencias viajeras más completas que he vivido.
En poco más de un mes pasé de navegar el río Nilo durante tres días, dormir bajo las estrellas en Egipto y caminar entre algunos de los templos más impresionantes de la historia, a recorrer miles de kilómetros por carretera en Marruecos, perderme por medinas, aprender a surfear en el Atlántico, dormir en el desierto del Sahara y conocer personas que hicieron que el viaje fuera todavía más especial.
También fue un viaje de contrastes. Pasé del calor del desierto a montañas nevadas, de ciudades caóticas a pequeños pueblos costeros, de dormir en hoteles a campamentos en medio de la nada, de perderme en callejones llenos de gente a sentarme completamente solo viendo un amanecer sobre las dunas.
Y claro… también hubo multas, un celular que decidió morir en el peor momento posible, algunos imprevistos y muchas anécdotas que hoy recuerdo entre risas. Al final, son justamente esas cosas las que uno termina contando cuando vuelve a casa.
Si algo me dejó este viaje fue confirmar que muchas veces los mejores destinos son aquellos de los que menos expectativas tienes. Marruecos apareció casi por casualidad y terminó siendo uno de los países que más me ha sorprendido en todos estos años viajando. Y Egipto, que llevaba tanto tiempo soñando conocer, terminó estando a la altura de todo lo que imaginaba.
África me recibió con los brazos abiertos. Me encontré con personas increíblemente amables, paisajes que parecían de otro planeta, culturas completamente diferentes a las que conocía y momentos que, estoy seguro, voy a recordar toda la vida.
Gracias por acompañarme una vez más en esta aventura.
Ojalá esta historia les sirva para animarse a descubrir una parte del mundo que muchas veces está llena de prejuicios, pero que tiene muchísimo por ofrecer. Nos vemos en el próximo viaje.






