Viaje
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Viaje a Asia: Curando el Corazón y el Alma (Un viaje de sanación inesperado)

Invierno australiano, año 2019. Justo había acabado de terminar los estudios de administración hotelera, o bueno, ya los estaba acabando. El trabajo en invierno bajaba, y como yo aún era estudiante, o más bien tenía visa de estudiante, al primero que le cortaban horas era a los que se les llamaba casuals: básicamente eran los que trabajaban por horas.

Estaba trabajando alrededor de 15 horas a la semana, que realmente no era nada, pero en ese momento me sirvió de algo, ya que al final de los estudios que estaba haciendo me habían puesto varios trabajos y proyectos a entregar que la verdad tomaban demasiado tiempo. Todos había que entregarlos al final del curso y ya saben cómo funciona: tuve bastante tiempo para prepararlos y hacerlos, pero yo me decidí por esperar casi hasta el final.

Amor y confusión en casa

Para ese tiempo yo estaba viviendo con una amiga, le vamos a poner Sandy; tenía un pequeño apartaestudio cerca al centro de la ciudad el cual compartía con ella. No voy a dar muchos detalles, pero eran de esos amigos que son un poco más de amigos, o en eso habíamos quedado desde un principio.

No voy a hablar mucho de ella, porque, aunque tuvimos momentos de mucha diversión, no sé, mi corazón como que nunca se terminó de involucrar y creería que el de ella sí. La cosa fue que desde un principio habíamos quedado en que, si alguno de los dos conocía a alguien y quería estar con otra persona, la condición era hablar de una con el otro, ser honesto y, sobre todo, pues habría que buscar dónde vivir separados y terminar esa relación de amigos con derecho que llevábamos y ser solo amigos.

Resulta que en el trabajo había una mesera, era una australiana bonita, le vamos a poner Nicky. Ella estaba estudiando Psicología en la universidad, pero trabajaba a medio tiempo en el restaurante, obviamente para tener su platica. La familia de ella era de plata, eran ricos, aunque siempre me decía que a ella le gustaba trabajar y ganarse sus propias cosas.

Todos en el restaurante apreciaban su belleza y su forma de ser en gran manera. Y yo no era la excepción; muchachos, yo estaba muy enamorado de ella, era mi amor platónico, ese amor que yo creía inalcanzable. Realmente yo nunca traté nada con ella, nos hablábamos en el trabajo y poco más, nunca esperé que fuera a pasar nada con ella. También, dentro de todo, yo no estaba buscando nada con nadie, ya que igual vivía con Sandy y pues no estaba buscando una relación o algo aparte.

Yo no sé realmente qué me vio Nicky a mí, eso me preguntaba siempre. Un día llegó uno de los compañeros de sala de ella, que también era amigo, y me dijo que ella le había dicho que yo le gustaba. Y yo como que: parce, no puede ser. O sea, yo… muchachos, en ese restaurante trabaja gente muy pinta, europeos, australianos grandes, rubios con ojos verdes. Yo era de los indiecitos suramericanos del lugar. Aunque ese día nada fue a mayores, yo no dije nada igual, pues al momento ella no me había dicho nada y yo seguía viviendo y conviviendo con Sandy.

Cuando la convivencia se vuelve tóxica

A veces como que el mundo empieza a conspirar para que las cosas pasen, para que todo cambie para bien o para mal. La cosa fue que en casa con Sandy las cosas no iban bien, ella se estaba encariñando o no sé bien qué pasaba, pero ella quería que yo fuera como la mamá, novio, esposo, no sé. Ella quería que yo le hiciera la comida, le lavara los trastes, le lavara la ropa, la consintiera; y muchachos, uno hace eso con la pareja, pero no sé, es que se suponía que nosotros no éramos una pareja.

Estábamos conviviendo, pero yo la veía más como mi amiga y no solo eso, como mi roommate; estábamos dividiendo gastos y pasándola bien, pero cada uno con sus propios asuntos, sin compromisos ni ataduras. La cosa fue que en casa se me estaba tensando el ambiente y ya no estábamos teniendo una buena convivencia, y yo no quería hacer el papel de novio, de pareja, de esposo.

Días después se estaba programando una fiesta que hicieron unos compañeros cocineros míos e invitaron a casi todo el restaurante; dentro de esos estaba la australianita Nicky. Yo no sabía qué iba a pasar, iba a haber demasiado alcohol ese día, y la cosa es que todos conocían a Sandy, al menos esos amigos del trabajo. Yo no le quería decir nada a Sandy, no la quería invitar, yo sabía que algo podía pasar con Nicky.

Pero días antes de la fiesta nos reunimos a tomarnos unas cervezas en la casa de uno de mis compañeros, ese día Sandy fue, y yo les dije a mis compañeros como que no dijeran nada de esa fiesta. Yo no quería problemas y ya todo era un problema con Sandy, pero obviamente la gran fiesta llegó a la conversación y la terminaron invitando. Fue un problema, porque como si de un novio se tratase, Sandy hizo como un escándalo porque yo no le había dicho nada, y fue como que: pana, ya te invitaron, ya qué importa.

Se llegó el día de la fiesta y yo en mi interior pensé como que Sandy vaya y que pase lo que tenga que pasar. Pues se llegó Nicky, hermosa, ella brillaba como siempre, al menos en mi corazón. Vea, yo solo me dediqué a pasarla bueno, la verdad no recuerdo mucho, solo sé que con Nicky sí estuve buscándole el lado. Que estuve toda la noche hablando con ella, poniéndole conversación, aunque no pasó nada aparte de eso.

Al siguiente día Sandy obviamente me preguntó. Fue raro porque esta vez no fue tanto como un reclamo, pero sí me dijo que me había visto muy cercano a ella y que si estaba pasando algo entre nosotros. Yo en ese momento le dije que no, que aún no pasaba nada, que fue como el momento de la fiesta, que a mí sí me gustaba pero que por el momento no había nada.

El beso, la mentira y el caos

Muchachos, se llegó el día. Estábamos terminando el servicio del restaurante, yo estaba limpiando mi estación cuando llegó Nicky y me saludó y normal, empezamos a hablar, cuando me pregunta si iba a hacer algo después de trabajar. Y yo como que no, pues nada, tratando de ser lo más serio posible, aunque mi corazón estaba a punto de explotar, porque ya sabía por dónde iba el asunto.

Llega y me dice: “No, es que me preguntaba si querías salir ahorita a tomarnos un par de cervezas y comer algo”. Y yo como… Si, dale, de una, como sin mostrar el hambre, pero la verdad es que por dentro estaba teniendo el mejor día de mi vida.

Muchachos, salimos de trabajar y fue lo más hermoso, pasamos varias horas hablando, contando historias, se los juro que yo sentía que ahí era. Yo no iba a perder la oportunidad y obviamente traté de besarla, y nos besamos. Los de la mesa de al lado del bar donde estábamos aplaudieron, jajajaja. Fue increíble.

Salimos del bar y ella me preguntó por Sandy, y ahí fue donde cometí el error. Yo le dije que yo no era nada de ella, que ella era una amiga, que antes vivía conmigo pero que ya no. Sí, lo sé, fui un tonto, pero ¿qué hubieran hecho en mi lugar? Ninguna persona en el mundo hubiera creído que vivíamos juntos, pero que no pasaba nada, así fuera verdad.

Lo que sí hice, fue que, al siguiente día, lo primero que le dije a Sandy fue que ya no podíamos seguir viviendo juntos, que siguiéramos saliendo, pero como amigos, como lo que siempre debimos ser, y que tenía dos semanas para buscar un lugar donde vivir, ya que yo iba a entregar el apartaestudio y normalmente en Australia uno debe de avisar 15 días antes de moverse, siempre y cuando no hubiera un contrato obviamente.

Ella al principio puso problema, dijo que no me iba a molestar más, pero yo le dije que si queríamos igual tener una buena amistad lo mejor era que ya no viviéramos juntos. Muchachos, los siguientes días fueron hermosos, como les contaba al principio casi no estaba trabajando, tenía que estudiar, pero generalmente en las noches me veía con Nicky.

Era el último fin de semana antes de mudarme de casa. Ya tenía un lugar donde vivir con unos chilenos donde lastimosamente me fue pésimo, no duré ni un mes y medio allá, ya voy con esa parte de la historia.

Resulta que ese fin de semana yo lo había destinado al 100% para terminar los trabajos que tenía que entregar de diplomado. Los tenía que entregar completos un lunes y desde el viernes hasta el domingo estuve en casa todo el día estudiando y haciéndolos. Mi amiga Sandy el jueves no había llegado a casa, volvió el viernes al mediodía, se bañó y se fue; el sábado ni siquiera pasó por la casa, y el domingo era la tarde y no había llegado.

Yo ya estaba terminando todos los trabajos cuando ya en la tarde-noche me escribe Nicky y me pregunta a ver qué estaba haciendo. Yo le digo como que ya estoy terminando de hacer esos trabajos y que quedo libre, y ella me dice que también estaba haciendo trabajos finales de la universidad, que si quería estudiar juntos mientras acababa y luego comíamos y veíamos una peli y ya saben…

Como nuestra amiga llevaba todo el fin de semana prácticamente sin aparecer, yo le escribí y dije que tenía visita, que si se iba a demorar, que iba a estar con alguien y que como ella no había estado todo el fin de semana, que si había problema; le dije que si ella ya venía a casa solamente me avisara y yo entonces me iba para otro lado.

Pues ella llega y me dice que relajado, que no hay problema, que podía hacer planes en la casa que ella no iba a volver temprano, y que tranquilo. Muchachos, nos faltaba menos de una semana para pasarnos de casa, ¿qué podía salir mal?

Yo confié. Y fue el peor error. Al rato ella, Sandy, llegó, y que no se quería ir. Fue el momento más incómodo que he tenido en mi vida. Como decimos en Colombia, se me juntó el ganado. Una no sabía hablar inglés y la otra no sabía hablar español. Jajajaja, y yo ahí en el medio.

Al final nos fuimos, no voy a dar muchos detalles, pero básicamente a partir de ese día todo se fue al carajo con Nicky. No de una, se fue lento, pero se fue…

Sin casa, sin novia y con el corazón roto

Primero acabé de estudiar, súper bien, tenía mi diploma, pero estaba prácticamente sin horas de trabajo. Mi relación con Nicky obviamente se partió; ella misma me decía que ya no podía confiar en mí, así yo me hubiera ido de donde Sandy.

Yo le había dicho que yo con ella nada, y sí era verdad, vivíamos juntos, pero ya no teníamos ninguna relación sentimental. Realmente yo nunca la tuve, para mí era una relación de amistad como se dice con derechos, pero al final para Sandy no fue así…

Me fui a vivir con unos chilenos. Como la pasada de casa fue tan espontánea y rápida, realmente no tuve mucho tiempo para buscar un buen lugar, entonces encontré este con un tipo y dos chicas chilenos, donde me tocaba compartir habitación con el tipo chileno.

Primera y última vez que compartía habitación con un desconocido, roommate o lo que fuera. Las primeras semanas, pues bien, al menos en casa, aunque con Nicky todo se iba fracturando más y más cada día. No bastó nada de lo que yo le decía, ella ya no confiaba en mí, hasta que un día me dijo que ya no más y me dejó.

Muchachos, estaba casi sin trabajo, estaba haciendo frío ya que estábamos en invierno, ya no estaba estudiando, me habían roto el corazón, aunque fue por mi culpa. En Australia sabía que me iba a gastar más dinero si seguía allá, entonces con el corazón roto en la mano dije: parce, necesito irme, 3 semanitas de vacaciones, en el sol, necesito sanar, no quiero más frío, no quiero pensar más en Nicky, me voy.

Al siguiente día le pregunté a mi jefe si había problema, que me tomara vacaciones las 3 semanas siguientes y me dijo que sí, igual casi no estaba trabajando. Entré en Google y busqué los lugares más fáciles para ir con mi pasaporte colombiano, luego compré los tiquetes en Skyscanner, así que el plan era simple: como todo salió de improviso la idea era ir a los países sin visa y con más fácil acceso para mí.

Organicé el viaje prácticamente de un día para otro. Entonces empezaba mi pequeño viaje de sanación y restauración en Singapur, de ahí 4 días y salía a Hong Kong otros 4 días y salía para Filipinas donde iba a estar una semana. Los hostales los busqué por Hostelworld, filtro del mejor hostal para Hong Kong, Singapur y Manila en Filipinas. Y Booking para mi hotel en Palawan Filipinas.

Volvía a Australia, pero no me quedaba en Sídney, me iba donde uno de mis mejores amigos que sabía que la estaba pasando mal y me dijo que me fuera a pasear donde él vivía, que era la ciudad de Brisbane. Donde igual iba a pasar otra semana más.

En total iba a tener poco más de 3 semanas de vacaciones, casi el mes mientras terminaba de pasar el invierno, me daban más horas en el trabajo y empezaba con mi nuevo proceso migratorio.

El drama final antes de partir

¿Cómo es que después de eso, faltaban unos días para irme de vacaciones, una amiga de Colombia que vivía en Melbourne fue a visitarme con otra compañera de ella y yo les di posada en la sala de la casa donde estaba viviendo con los chilenos? Ellos no tuvieron problema con que ellas se quedaran. Realmente solo se iban a quedar por dos noches.

El primer día, cuando llegaron, nos fuimos para que conocieran la ciudad en la tarde. Al siguiente día estuvimos también de tour, aunque yo debía trabajar esa noche. Habíamos quedado de salir de fiesta cuando llegara del trabajo; fuimos con un amigo y recuerdo que, como era en semana, la fiesta no se acabó muy tarde, por lo que fuimos a la casa como a rematar allá.

La cosa es que las chilenas debían madrugar bastante a trabajar, y pues tuvimos como un roce ahí porque estábamos haciendo mucha bulla. Medio tuvimos una pelea porque ellas ya lo habían hecho varias veces otros días y yo no había dicho nada, pero lo de siempre: ese día mis amigas se iban, en la noche yo tenía mi último día de trabajo, por lo que me despedí de ellas, pero el ambiente con los chilenos había quedado caliente. Ellas decían que era de mal gusto y yo les decía que igual ellas lo habían hecho más veces, que yo ya no lo volvía a hacer, y bueno, ahí estaba esa discusión.

Yo fui a trabajar y al siguiente día estuve hablando con el otro chileno del problema y quedamos en que igual pues era mejor arreglar las cosas, que igual yo le iba a pedir perdón por el malentendido y que no me fuera así bravo con ellas. Y normal, yo hablo con ellas y todo bien; es que realmente no habíamos tenido problemas antes de eso, y a mí no me afectaba tampoco si hacían reuniones o hacían fiesta en la casa de vez en cuando.

Seguido a eso, muchachos, eran como las 4 de la tarde. Mi vuelo a Singapur era como a las 5 a.m. del siguiente día; yo debía irme al aeropuerto como a las 2 a.m., debía estar allá a las 3 a.m.
Yo me acerco donde el chileno para decirle que ya había arreglado con las otras dos chilenas, pues que todo había quedado bien, que igual pues lo dejábamos así y que de una vez le iba a pagar todo el mes porque yo me iba a ir esas 3 semanas larguitas. Cuando llega y me dice el cabron: “No Mateo, lo mejor es que vayas a tu viaje y cuando vuelvas consigas otro lugar en donde vivir…”.

Yo no sabía qué decir. O sea, primero, nunca habíamos tenido ningún problema en la casa; yo a ese tipo no sé por qué lo había visto como un amigo, le había contado de todo mientras estuve ahí. También había llevado un montón de cosas de mi casa vieja que le dije que le iba a regalar. Eso había sido un problema aislado y ni había sido con él, ya con las otras chilenas se había arreglado. Además, él esperaba que le pagara todo el mes, el cual ni siquiera iba a estar ahí, y que llegara a buscar donde vivir.

A mí me dio bastante rabia y le dije que nada, que yo me iba ese mismo día, que yo ya miraba qué hacer cuando volviera. Él me tenía de depósito medio mes que se le había pagado; yo le dije que me devolviera todo el dinero, que yo me llevaba todas mis cosas ese mismo día. Yo no podía creer eso que pasó, que ni había sido con él, que ya se había hablado con las otras personas involucradas y que todo había quedado bien. Pero el tipo llega y me saca de la casa.

Sin dar muchas vueltas, un amigo me recibió esa noche en su casa. Otro amigo que tenía una camioneta de esas grandes me ayudó a llevar todas mis cosas al garaje de otro amigo que me las iba a cuidar mientras volvía. Y otros dos amigos que vivían juntos se iban a separar porque la esposa de uno de ellos había llegado a la ciudad y se querían ir a vivir solos, entonces le iba a sobrar un cuarto en el apartamento y al final me fui para allá cuando volví.

Pero esperen, que a esta olla de presión le faltaba un ingrediente. Para que entiendan la magnitud de mi desgracia en ese momento, tengo que contarles algo que había pasado justo antes del invierno:

Cuando empezó el verano anterior, había dejado todas mis chaquetas y ropa de invierno en unas maletas en un cuarto útil de un garaje donde había vivido, el cual tenía una humedad que obviamente en verano se ponía mucho peor. Yo no le presté mucha atención a eso y dejé todo allá por más de 3 meses.

Cuando empezó a hacer un poco más de frío en el otoño y volví a recoger toda la ropa de invierno, tenía también pantalones, jeans, ¡oh sorpresa!, todo estaba con un solo hongo, todo estaba podrido. Las maletas y la ropa dentro tenían un olor a humedad horrible. Traté de lavar todo, pero es que fue imposible recuperar la ropa, todo se había podrido.

Así que, retomando: después de que el chileno me echó de la casa un día antes de mi viaje, yo estaba:

– Sin Hogar.
– Sin Novia y con el corazón roto.
– Con muy poco trabajo.
– Sin estudio (porque ya había acabado).
– Con frío de invierno y literalmente sin ropa.

Esa noche fue bien triste, yo como que: “Mateo, estás jodido, bien jodido”. Me levanté bien temprano y me fui al aeropuerto. Pero algo sí me dije después de salir de la casa de mi amigo y haber tenido todos estos días: no me voy a preocupar por nada, voy a sanar, me voy de vacaciones y voy a disfrutar lo que más pueda. Voy a comer de lo lindo, voy a probar de todo, voy a caminar. Estas vacaciones van a ser la mejor medicina.

Y es que viajar, muchachos, hace algo que ninguna pastilla ni terapia puede lograr tan rápido. Cuando uno se sube a un avión dejando atrás un desastre, la distancia no solo es física, es mental. Ver nuevos paisajes, probar otros sabores y enfrentarse a lo desconocido te obliga a salir de tu propia cabeza. El viaje te reinicia, te recuerda que tus problemas, aunque duelen, son chiquitos comparados con el mundo. Es la única forma de curar el alma sin decir una sola palabra.

Singapur: Aterrizando en el Futuro (Con poco presupuesto)

Salí de Sídney y llegué al futuro. Ni me quiero imaginar ahora cómo será, pero todo parecía estar adelantado: todo se movía solo, todo estaba automatizado. Y eso que Australia no se queda atrás, pero esto era otro nivel.

Muchachos, Singapur es un país pequeño y costoso. Básicamente es una pequeña isla donde más de la mitad es una ciudad súper moderna, una selva de cemento, y la otra parte es una pequeña reserva natural. Lo chistoso es que la gente solo va a tomarse fotos con los edificios, y eso sí, los turistas solo visitan ese parque del Gardens by the Bay (Jardines de la Bahía).

Para los que no sepan, imagínense el escenario de la película Avatar, pero en la vida real. Son unos Superárboles gigantes de metal cubiertos de plantas que se iluminan en la noche, con unas cúpulas de vidrio inmensas que simulan climas de montaña y selva húmeda. Es brutal, sí, pero está llenísimo de gente, y con razón, es la atracción más famosa de Singapur.

Yo sí aproveché para recorrerme algunos de los pequeños parques naturales que había en la pequeña Singapur. Y es que Singapur tiene algo muy teso: le dicen la “Ciudad Jardín” por una razón. A pesar de tanto rascacielos, el gobierno se obsesionó con meter verde por todo lado.

Es una de las ciudades más limpias, seguras y organizadas del mundo; allá uno no ve ni un chicle en el piso (literalmente, es ilegal mascar chicle). Todo funciona como un reloj suizo, el transporte es una maravilla y uno se siente caminando por una maqueta perfecta.

Muchachos, Singapur no es un país con gran historia antigua, pero sí hay mucha variedad de culturas, ya que mucha gente no es nativa de allá. Recuerdo que yo comía siempre comida china, india, malaya, thai y vietnamita; había un festín de sabores, sobre todo porque aún existían los mercados un poco más antiguos en varias partes de la ciudad (los famosos Hawker Centres).

No les voy a negar que en general es costoso y lo que se muestra en redes sociales es un turismo de lujo (el hotel con la piscina infinita y todo eso), pero como les decía, también está la otra cara.

Esa otra cara que de pronto nadie cuenta o no es tan conocida: paseos por la playa, caminatas por las pequeñas reservas naturales a ver monos y perderse por los diferentes barrios como Little India o Chinatown, donde se pueden ver las culturas mezcladas. Y bueno, cómo no disfrutar también de lo más turístico y famoso, que para eso uno va. Yo estuve 4 días, que fueron más que suficientes.

Hong Kong: Rascacielos, Smog y un Susto en Migración

La llegada a Hong Kong fue un poco mala. Obviamente me vieron la cara de colombiano y me retuvieron como por media hora. Yo tenía todo en orden; igual en el pasaporte había muchos sellos, y pues tenía todos mis papeles australianos vigentes, por lo que al final me dejaron ir. Eso sí, después de que revisaron todo el celular; se lo llevaron un rato para esculcarlo. Un trago amargo para empezar, pero bueno, gajes del oficio.

Hong Kong, al igual que Singapur, es pequeño en el mapa, pero la sensación es totalmente distinta. Aunque son muchas más islas, es más verde, hay montañas, hasta ríos y cascadas se podían encontrar. Es una ciudad de contrastes brutales, grande pero increíblemente bien comunicada.

Para que se hagan una idea, Hong Kong se divide en tres partes principales: la Isla de Hong Kong, que es donde están todos los rascacielos financieros y la vida frenética; Kowloon, que está al frente cruzando el agua y es donde se siente la vibra más callejera y auténtica; y los Nuevos Territorios y las islas, que es donde está la naturaleza salvaje, las mejores playas y hikes. Lo mejor es que uno se mueve entre todo esto en el MTR (el metro), que es una maravilla de eficiencia, o en el famoso Star Ferry por centavos.

Algo que sí no me gustó era la contaminación. Muchachos, cuando yo fui, no saben la contaminación tan impresionante que había en el aire. Una de las cosas que hice e imperdibles fue subir a los miradores que estaban en la isla de Hong Kong, específicamente al famoso Victoria Peak. Caminé por los senderos como el Lugard Road Lookout, que se supone que tienen las mejores vistas del skyline, pero la contaminación no dejaba ver bien las ciudades. Todo se veía como con una neblina grisácea.

También subí al International Commerce Centre (ICC), que tenía un mirador de toda la ciudad, el Sky 100 (piso 100, imagínense eso). Pero no se veía nada de la ciudad; uno miraba hacia abajo y se veía puro smog, una nata gris densa, pero miraba hacia arriba y sí se veía el cielo azul. Era surrealista, como estar flotando encima de una nube tóxica.

Como les decía, igual eso no me paró. También fui a ver el Tian Tan Buddha (el Gran Buda), el cual para llegar me tocó irme en tren y luego en un cable súper bonito llamado Ngong Ping 360. El recorrido va cruzando por las montañas de Lantau Island y las vistas son de película, viendo el mar y la selva desde arriba hasta llegar a la estatua gigante de bronce que está en la cima de una colina, a la que se llega subiendo unas escaleras eternas pero que valen la pena.

Y la comida… increíble. Obviamente, por todo el tema de la influencia de China, la comida de allá es básicamente lo mejor de la cocina cantonesa. Entonces créanme que todo estaba increíble, especialmente el Dim Sum: desde los dumplings (esas empanaditas al vapor) hasta las pastas y todo lo que se atravesaba en esos mercados callejeros y Dai Pai Dongs (puestos de comida al aire libre) que también había en Hong Kong.

Fueron otros 4 días. Creo que en Hong Kong sí hubiera podido estar más tiempo o inclusive volver; hay muchas más historias por conocer y mucho más por ver que en mi anterior destino.

Filipinas: Caos, Fiesta y el Paraíso (Barato)

Este fue un lugar de contrastes también. Llegaba a Manila, que es la capital, solo de un día para otro, aunque llegaba muy temprano en la mañana, por lo que tenía todo el día para explorar. Los otros dos países (Singapur y Hong Kong) fueron bastante costosos, prácticamente muy parecidos a Australia, pero Filipinas, por el contrario, en ese tiempo era demasiado barato. Recuerdo que con 50 dólares australianos me daban 2 mil pesos filipinos y se los juro que con eso era millonario; con eso podía hacer y deshacer en un día.

Yo llego a Manila y cojo un Grab, que es prácticamente el Uber de Asia. Mi hotel quedaba en Makati. Para que se hagan una idea, Makati es como la burbuja financiera de Manila: rascacielos, centros comerciales de lujo y calles limpias, muy diferente al resto de la ciudad. Eso sí, cuando llegué al hotel prácticamente me dijeron que no saliera de esa zona, que todo era muy peligroso y que ni se me ocurriera coger un taxi en la calle.

Llego a la habitación y conozco a un pana gringo que había acabado de llegar también; era un moreno de estos altos, parecía jugador de baloncesto. Quedamos en que en la noche íbamos a salir a comer y tomar algo por ahí, pues se veía que cerca al hotel había movimiento.

Salgo para ir a conocer la ciudad y no pude encontrar un Grab que me llevara hasta donde iba, que era Intramuros. Por lo que me di la bendición y paré un taxi. Era un muchacho un poco desarreglado, pero fue buena gente; sí me dijo que tuviera cuidado, pero que yo no tenía cara de que me fuera a dejar robar y básicamente me dijo que no diera papaya, hasta ese momento yo sentía que no llamaba mucho la atención.

Ahorita no sé cómo esté Manila, pero muchachos, un desorden que yo nunca había visto en mi vida, ni en Colombia ni en ningún lado. Semáforos que nadie respetaba, pero ninguno; pasamos por muchos lugares donde se veía una pobreza y una miseria que era bastante pesada y triste, todo olía bastante mal.

Llegamos a la zona de Intramuros, empezando por el parque Rizal; estaba bonito, mucho movimiento, muchas familias disfrutando de la tarde. De ahí salí a Intramuros. No me gustan las comparaciones, pero era como una pequeña Cartagena: una ciudad amurallada. La historia es que ahí fue donde los españoles mandaron por más de 300 años; por eso se ven iglesias, fuertes y casas coloniales al otro lado del mundo.

La diferencia y repito, eso fue hace varios años, ahora no sé cómo esté, era que todo estaba súper mal cuidado. Daban vueltas también a los turistas, pero en “bici-carrozas”, pero la verdad es que todo estaba bastante mal. La ciudad tenía todo el potencial, pero se los juro que esa sí se sentía como si uno estuviera en una ciudad hace 400 años: todo olía mal, todo estaba sucio, todo parecía como que se fuera a caer. Hasta de pronto eso era lo que le daba el encanto, que sí parecía una ciudad vieja, jajajaja. Igual le di la vuelta, visité la Catedral de Manila, el Fuerte Santiago y anduve por las murallas.

De ahí vi en el mapa el Chinatown de Filipinas y me dispuse a ir, pero básicamente era lo mismo que en los otros lados: olor a orines, desorden, basura. No me pasó nada, realmente no me sentía inseguro tampoco; nada diferente a lo que uno siente en Colombia, por ejemplo.

“Usher”, “Justin Bieber” y los Ladyboys

Se hizo de noche, así que esperé por un Grab, volví al hotel y me encontré con el gringo, y salimos por ahí por Makati. Había bastante movimiento, discotecas, bares. En principio paramos en un mercado callejero. La comida de allá era muy parecida a la de aquí de Colombia, la verdad me impresionó. Los colombianos sabrán, por ejemplo, la chunchurria, oreja, bofe, lengua; todo esto se veía allá y los sabores eran muy parecidos.

Luego nos fuimos para un bar de Narguila/Hooka. Éramos los únicos extranjeros turistas que había allá. Parce, estábamos llamando demasiado la atención, sobre todo mi amigo el negrito. Hasta llegó el dueño del lugar, que por cierto estaba increíble: era un local de 3 pisos, era como de deportes, lleno de pantallas gigantes por todos lados y obviamente las narguilas. El dueño llegó y nos invitó a varios shots de tequila; estaba muy contento, decía que normalmente no recibía a turistas.

Todo era risas, “jijiji – jajaja”, hasta que dos señores medio viejos, la verdad, se sentaron con dos personas al lado. Yo desde que se sentaron sabía que esas dos personas en un pasado no muy lejano habían sido hombres; obviamente eran ladyboys. La cosa es que había uno de ellos que, pana, sí parecía mujer, y mi amigo me preguntó que si ese era ladyboy y yo le dije que sí.

El man como que abrió los ojos y algo dijo, que ese ladyboy lo escuchó y le empezó a gritar: que, si tenía algún problema con la sexualidad de ella o él o lo que sea, y que si tenía algún problema con ella en específico. Tratamos de decir como que no pasaba nada, él decía como “sorry, sorry”, pero nada, eso no hizo que ella dejara de gritar. Por lo que nos tocó pagarle al dueño, le pedimos disculpas y salimos de allá.

Resulta que Filipinas es muy parecido a Tailandia con el tema de los ladyboys; nosotros no sabíamos eso, pero fue bueno descubrirlo en ese momento. La gran mayoría de discotecas eran clubs de mujeres, stripclubs y así, mucha prostitución. Nosotros no íbamos en ese plan, pero tampoco nos queríamos meter a un lugar de ladyboys (que igual, mis respetos al que le gusten, no tengo nada en contra de eso). Por lo que, preguntando, nos dijeron que en general todos los bares tenían chicas de la vida fácil, entonces le dijimos a un local que nos recomendara alguno que al menos fueran mujeres todas de nacimiento.

Nos mandaron a un local súper grande. Nos dijeron que el cover costaba 800 pesos filipinos de esa época, que eran como 20 dólares australianos, consumibles (que yo creo que ni me los terminé de consumir). Y cuando entramos había música en vivo y obviamente muchas mujeres. Cuando la cantante llega y dice como que pusieran las luces donde nosotros, que había llegado “Usher” y “Justin Bieber Calvo”… yo estaba calvo. Todo el mundo volteó a mirar, ya todos sabían que estábamos allá.

Fue una noche de locos, conocimos a un montón de gente. Se acercó un muchacho que era de Hawái, pero llevaba como 15 años viviendo en Filipinas, y nos presentó al grupo de él y con todas las mujeres con las que estaban. Eso nos invitaron a tragos por aquí y tragos por allá, bailamos, gritamos hasta que cerraron la discoteca.

No sé por qué me dio por entrar a un 7-Eleven a comprar más cervezas y más trago. Yo tenía mi vuelo al siguiente destino como a las 9 a.m., tenía que salir del hotel como a las 6:30 a.m. y eran como las 4 a.m. Terminé llegando al hotel como a las 5 a.m., no me desperté y cuando me levanté eran como las 7:30 u 8:00 a.m. Ya era imposible; con el tráfico de Manila era imposible llegar al aeropuerto.

El Paraíso en El Nido (y la cuenta de millonario)

Mi próximo destino era la isla de Palawan, específicamente El Nido. Muchachos, ese lugar es famoso mundialmente por esas formaciones de piedra caliza negra que salen del agua turquesa, lagunas escondidas y playas que parecen photoshopeadas. Estaba pronto a llegar al paraíso y había perdido mi avión.

El problema es que solo salían dos veces a la semana, y si no tomaba ese vuelo me tocaba esperar como 2 o 3 días al siguiente. Gente, menos mal aún había espacio, porque esos dos días había dos vuelos diarios, solo que ese otro estaba más costoso. Lo alcancé a comprar y ese salía a las 11 a.m., o sea que podía volar.

Para este lugar sí había tirado la casa por la ventana. Había alquilado una cabaña en un hotel 5 estrellas al frente de la playa, en medio de la selva, que se veía que iba a ser de otro mundo. Y sí que lo fue.

Recuerdo que pagué por ese hotel menos de 800 dólares australianos por un paquete de 6 días y 5 noches con desayuno incluido. Para que hagan la conversión a plata de julio de 2019: eso eran unos 560 dólares americanos o aproximadamente 1.800.000 pesos colombianos. ¡Una ganga para ser un 5 estrellas! En el hotel solo había como 7 cabañas, pero trabajaban como 20 personas para cualquier cosa que necesitáramos, y eso que no estaba lleno.

El hotel tenía un restaurante riquísimo, yo probé de todo. Tenían un spa donde también me hice masaje; hice una cosa que era como una bañera que tenía olores y le ponían a uno música como para relajarse ahí adentro. También con los otros huéspedes un día alquilamos un bote lleno de cervezas y snacks para irnos a las islas de El Nido que son famosas.

Y la cereza del pastel fue el día que alquilé una moto y me fui a buscar cascadas. Allá conocí un grupo de amigas que también estaban en el mismo parche que yo. Fuimos a las cascadas, unas cascadas bonitas, con una caminata muchachos increíble; ese lugar era el paraíso. Almorzamos en El Nido pueblo y luego me invitaron al hostal donde ellas estaban hospedadas. Llegan y dicen que era barra libre como dos horas al día y que fuéramos, que ellas me metían. Mera fiesta ahí por dos horas.

La cosa fue que llegué todo tarde a mi hotel. Me estaban esperando ahí afuera, pensaron que algo me había pasado, jajajaja, qué pesar. Todos eran como: “Señor Mateo, Señor Mateo, ¿todo bien? Pensamos que algo le había pasado”, y yo como relax, ahí medio borracho.

Esos 6 días fueron la mejor medicina. De verdad pude recargar las mejores energías para volver a Australia con toda. Esos últimos 3 meses no habían sido los mejores, y lo mejor es que sí me sirvió, porque desde que llegué, literalmente tuve la mejor época de todos los años que viví en Australia.

Brisbane: El Aterrizaje Suave (Sol, Koalas y Amigos)

Volví a Australia, pero esta vez la vibra era diferente. Hice escala en Sídney y de ahí volé a Gold Coast, donde me recogió mi amigo, mi bro, ese que me había dicho “véngase pa’cá que aquí lo desatrasamos”. En menos de una hora en carro, ya estábamos entrando a Brisbane.

Muchachos, Brisbane es otra cosa. Es la capital del estado de Queensland, el “Sunshine State”, y se nota. Mientras en Sídney todavía hacía un fríito que calaba los huesos, aquí el clima es mucho más caliente, más tropical, más sabroso, al menos en ese momento, porque en verano hace un calor insoportable.

Esta última semana la aproveché al máximo para conocer esta ciudad que me sorprendió gratamente:
Mount Coot-tha: Subimos hasta el mirador de esta montaña y, parceros, qué vista. Se ve toda la ciudad, el río serpenteando y los rascacielos brillando. Es el lugar perfecto para ver el atardecer y decir: “Bueno, la vida es bella”.

Lone Pine Koala Sanctuary: Estando en Australia, no podía faltar. Este es el santuario de koalas más antiguo y grande del mundo. Fue una nota ver a los canguros ahí relajados y a los koalas durmiendo la vida entera. Si les gustan los animales, este sitio es una chimba.

South Bank: Esto me voló la cabeza. Es una zona al lado del río donde construyeron una playa artificial en plena ciudad. Imagínense estar en arena blanca y agua azul, pero mirando rascacielos. El ambiente es súper relajado, lleno de restaurantes y gente caminando.

Pero más allá de los sitios turísticos, lo que hizo especial esta etapa fue la gente. Nada como la compañía de un buen amigo en momentos en los que no estamos al 100. Esas charlas, las risas y el simple hecho de sentir que alguien te respalda, terminaron de sellar el proceso de sanación que empecé en Asia.

Conclusión: ¿Por qué viajar cura el alma?

Parceros, si llegaron hasta aquí, ya saben que me fui de Sídney básicamente huyendo: sin casa, sin novia, con la ropa podrida y el corazón arrugado. Pero volví renovado.

Ese viaje improvisado a Singapur, Hong Kong y Filipinas no fue solo turismo; fue terapia de choque. Viajar te obliga a vivir el presente. Cuando estás buscando cómo moverte en el caos de Manila o maravillándote con un atardecer en El Nido, no tienes tiempo para llorar por un amor fallido o estresarte por un roommate tóxico.

Regresé a Australia con la mente clara, con las pilas puestas y, curiosamente, tuve la mejor época de todos mis años viviendo allá justo después de volver. Así que, si están pasando por un mal momento, mi consejo de “Viajero Inteligente” es: compren el tiquete. Lo que se gasta en plata, se recupera en vida y en salud mental.

¡Nos vemos en la próxima ruta!

¿Te antojaste de Asia pero te da miedo el presupuesto?

Esta historia es la prueba de que un tiquete de avión es la mejor inversión en salud mental.
Pero ojo, viajar no tiene que significar quedar en la quiebra.

En Tripsbymateo mi misión es simple: que usted viaje bacano, seguro y cuidando el bolsillo. Ya sea que quiera aprender a hacerlo solo con mis Guías Digitales o prefiera que nos sentemos a planearlo en una Asesoría 1 a 1, aquí tiene un amigo viajero listo para ayudarle.

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