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Cumpliendo el sueño de una vida: Vivir, trabajar y crecer en Australia

Los mejores años de mi vida

Yo creo que esta fue la mejor época de mi vida. Ahora, con 30 años recién cumplidos, puedo decir con toda seguridad que los poco más de 3 años que viví en Australia fueron un sueño. De tantas historias de viajes, trabajos, aventuras, romances, amigos y tantas cosas que pasaron por ese tiempo, crecí como persona de una manera extraordinaria.

Contando todo de Australia me podría pasar horas y horas hablando de lo bueno que fue. Esta historia la cuento también para las personas que quieran migrar a este hermoso país o quieran vivir esta experiencia. Y aunque lastimosamente en pandemia me tocó volver prácticamente obligado a Colombia, estoy seguro de que algún día volveré. Allá dejé parte de mi corazón, grandes amigos que se convirtieron en familia y todos los recuerdos de los que, como dije antes, probablemente fueron los mejores años de mi vida.

Australia
Vivir en Australia

El origen del sueño: Steve Irwin y la vida salvaje

Era el año 2017 y estaba a punto de cumplir un sueño: me iba para Australia. De niño siempre tuve una fascinación exagerada por este país, sus paisajes, sus animales, su magia salvaje. Recuerdo que mi ídolo de la infancia era el “Cazador de Cocodrilos”, Steve Irwin.

Para los que no lo recuerdan, Steve Irwin fue un ícono mundial de la conservación y la televisión australiana. Con su característico uniforme y su buena energía, acercó la fauna salvaje a millones de personas como yo, mostrando cocodrilos, serpientes y arañas no como monstruos, sino como criaturas maravillosas que merecen respeto. Su pasión contagiosa fue la chispa que encendió el amor por la naturaleza en toda una generación, incluyéndome a mí.

Cabe mencionar que yo siempre quise ser veterinario de niño; fue algo que no pude hacer, pero eso sí: Australia es un país único, lleno de animales increíbles.

El proceso y los costos (La realidad del 2017)

La verdad el proceso no fue difícil; era costoso, pero no fue para nada difícil. Yo lo hice con una agencia de Colombia. En ese tiempo me cobraron como 18 millones de pesos (aprox. $6,000 USD de la época) por todo. Bueno, el “todo” fueron 6 meses de curso de inglés (aunque la visa era por 8 meses), además del seguro médico y la asesoría y acompañamiento, que realmente nunca utilicé.

Esto se pagó con un crédito bancario, aunque les digo que ese dinero, en menos de 6 meses trabajando en Australia, ya se había pagado. Los vuelos en ese tiempo me costaron como 5 millones (aprox. $1,660 USD) ida y vuelta, aunque la vuelta se perdió porque allá me quedé casi 3 años más.

La parte costosa era que uno tenía que demostrar solvencia económica por el tiempo que se fuera a quedar. En ese tiempo yo debía tener como 33 millones de pesos en la cuenta de banco (aprox. $11,000 USD). Yo no los tenía, pero se podían demostrar por medio de un familiar.

En la casa no los teníamos, pero le pedí el favor a una tía que sí los tenía que me diera una carta diciendo que ella me iba a dar ese dinero, básicamente que ella iba a responder por mí y que pusiera la cuenta bancaria a mi disposición, aunque realmente ese dinero nunca se tocó.

En total, hace 9 años, para irse a Australia 6 meses se necesitaban alrededor de 50 millones de pesos (17.000 USD), aunque como les dije, los 30 millones de la solvencia no eran un gasto real, solo había que mostrarlos.

Escala en Los Ángeles: Una dosis de realidad y crisis financiera

Como tenía visa americana, compré los pasajes haciendo escala en Estados Unidos, donde iba a pasar unos días en Los Ángeles. Haciéndolo así, los tiquetes me salían como 3 millones de pesos más económicos (aprox. $1,000 USD de ahorro en ese momento).

Pero muchachos, yo ya tenía todo planeado para irme para Australia, aunque había un problema… un problema llamado “ya no tenía plata” porque me la había gastado casi toda viajando por Colombia.

Y es que se llegó el día de salir y yo, irresponsablemente, me había gastado casi todo el dinero que tenía. No tenía ni para llegar; me alcanzó a duras penas para pagar el alquiler de una pieza por 2 semanas en Sydney y tenía como 400 USD extra en el bolsillo.

En Los Ángeles me iba a quedar 5 días y no sabía cómo carajos iba a hacer con 300 USD. Un amigo de mi hermano me iba a dejar quedarme en su casa, pero de igual manera no tenía casi dinero para llegar a Australia.

Dos días antes me tocó decirle a mi viejo que me ayudara, y junto con mi hermano pudieron reunir otros 700 USD más. Algo era seguro: tenía que llegar a Australia y conseguir trabajo de inmediato. No me podía poner a joder cuando llegara.

Se llegó el día y salí de Colombia. Llegamos a la USA y no voy a hablar bonito: Los Ángeles es basura. Si eres pobre y no tienes dinero, es basura; si no tienes un carro para moverte, es basura. Nunca había visto una ciudad con tanta indigencia en mi vida y aún sigo diciendo lo mismo.

Los amigos de mi hermano se encargaron de hacerme pasar buenos momentos un día que pude salir con ellos y visitamos Hollywood, Santa Mónica y La Placita Olvera. Fue un día bonito, pero porque teníamos carro.

Los siguientes días que traté de moverme en bus o trenes… mijos, fue imposible. Bueno, imposible tampoco es, pero Los Ángeles es una ciudad demasiado grande y el transporte público es pésimo; no es una ciudad caminable.

No voy a hablar mucho de Los Ángeles, que seguramente tiene demasiadas cosas buenas para mostrar, pero para un turista que va a pie no es una buena ciudad. Yo me dije que igual algún día volveré, pero sí o sí me tengo que alquilar un carro y ver la otra Los Ángeles que yo no pude ver.

Sydney: Amor a primera vista y la carrera contra el tiempo

Salí de Los Ángeles y llegué a Sydney, a mi nuevo hogar. Ese primer día llegué con jetlag, no había dormido nada en el avión y llegué directo a dormir.

Al siguiente día me recogía una chica de la agencia con la que había ido para ayudarme a sacar la cuenta de banco, conseguir un plan de celular y darme unas recomendaciones.

Muchachos, ese día vi lo hermoso, todo lo que había soñado: estar frente a la Opera House, ver el imponente Harbour Bridge… Me recorrí todo el centro de la ciudad de punta a punta caminando y es que Sydney si es una ciudad caminable. Es que se los juro que estaba cumpliendo el sueño de niño.

Tenía una semana antes de empezar el curso de inglés, por lo que averigüé dónde se veían los canguros y al siguiente día me fui a verlos, otro sueño de niño cumplido check, ver los canguros.

Algo que puedo decir de Sydney es que el contraste con Los Ángeles fue total: el transporte público, desde los trenes, metro, buses y tranvía, está súper completo y súper bien conectado. Uno podía ir a todo lado en transporte público sin sufrir.

Primer trabajo: De Chef a “Kitchen Hand”

Al tercer día, después de haber paseado, era el momento de la verdad: buscar trabajo. Había hecho cuentas y solo tenía dinero para vivir 15 días desde el momento de haber pisado Sydney. Por lo que en ese momento ya solo me quedaban como 10 u 11 días para vivir y no empezar a pasar penurias.

Así que hice mi hoja de vida y miré cuáles eran las páginas más importantes para buscar trabajo en Australia (como Indeed, Gumtree o Seek). Puse Cocina, Chef, Ayudante de cocina en el filtro, porque obviamente quería trabajar en algo de cocina, y apliqué a todo. O sea, A TODO. Mandé por ahí unas 400 hojas de vida (o Resume en inglés).

Muchachos, no habían pasado ni dos días y ya me habían llamado de un lugar. Recuerdo que estaba yendo al supermercado cuando recibí una llamada. Yo no sé qué me dijeron, no entendí nada, yo solo le dije YES a todo. Solo sabía que me estaban llamando para trabajar, sabía que, en un restaurante, pero no sabía haciendo qué.

A lo siguiente me mandan la dirección y a los dos días me fui para allá. Era un restaurante de comida italiana que apenas iban a abrir. Yo llegué el primer día, se presentaron, nos hicieron una pequeña inducción de la que no entendí nada jajajajaj, y nada, me dijeron que si me quería quedar ayudando a desempacar todo lo de la cocina y quitarle como los stickers y etiquetas a los platos. Y yo como que: “de una”.

Ahí me dijeron que yo iba a ser Kitchen Hand (Ayudante de cocina). Una cosa era lo que significaba para mí ayudante de cocina y otra cosa lo que significaba ser un Kitchen Hand en Australia. Porque yo no iba a estar cocinando, NO. Yo no iba a estar con los chefs, NO. Lo que me esperaban eran horas y horas y montañas de montañas de platos para lavar.

Y sí, mi primer trabajo en Australia fue como lavaplatos. Duro, aunque hice muchos amigos, y fue la empresa donde prácticamente trabajé casi todo el tiempo que estuve allá.

La vida de estudiante: Amigos internacionales y cero español

A la siguiente semana entré a estudiar. Estaba contento porque no había pasado ni una semana y ya tenía trabajo, y ya iba a empezar con el curso de inglés que, no les voy a mentir, era un parche completo.

Allá conocí gente de todos lados del mundo; las clases eran muy divertidas, la verdad, e hice amigos desde el día 1. Eso sí, yo me prometí que no me iba a hacer con el parche de los colombianos, por lo que durante todo mi curso siempre traté de estar con gente de otros lados.

Los colombianos me decían que yo era muy creído, pero para nada; allá había gente que llevaba años en cursos de inglés y todavía no sabían hablar, y a mí me había costado demasiado cumplir ese sueño como para llegar a perder el tiempo.

Recuerdo que sí hice un amigo colombiano que estuvo parchando conmigo los primeros meses hasta que volvió a Colombia, pero él ya tenía buen nivel de inglés desde que yo llegué y también mantenía saliendo con extranjeros, por lo que hicimos un grupo de gente de todo lado del mundo.

Hay gente que se va del país y se arrepiente al momento, hay gente que la pasa muy mal, que se sienten solos. Muchachos, irme para Australia para mí fue todo lo contrario.

Por más de cero que tuviera que empezar, por más trabajos difíciles que tuviera que hacer, por más que uno no le entendiera nada a los australianos (porque hablan bien rápido y enredado), yo estaba en un lugar que de verdad sentí como si fuera mi hogar.

Ascenso en la cocina: De lavaplatos a la “Guerra”

Pasaban los días y más inglés sabía. El jefe de cocina donde yo trabajaba ya sabía que yo era chef y ya me había dicho para subir como cocinero. Yo le dije que primero quería terminar el curso de inglés, porque no les voy a mentir: él era de esos que gritaban.

Por fuera de la cocina era como un padre, un excelente amigo, pero en medio del servicio era de esos que son capaces de hacerte sentir pequeño. Por lo que yo le dije que me aguantara, ya que, aunque lavando platos tenía mucho trabajo, no tenía esa presión que se mantiene en la cocina. Él me dijo que sí, que me esperaba a que terminara el curso y me sintiera confiado y seguro para empezar a trabajar con él.

Los primeros 6 meses se me fueron volando. Terminé mi curso de inglés y extendí mi visa por 2 años más con un diplomado en Administración Hotelera (Hospitality Management). Lo bueno es que para eso solo tenía que ir 2 días a la semana a estudiar, por lo que tenía mucho más tiempo para trabajar.

Por el lado del trabajo me ascendieron a cocinero, aunque resultaba que el restaurante en cuestión era un llamado Pop-Up. Estos son restaurantes que básicamente solo los abren por unos meses (ese en cuestión lo abrieron por 8 meses). Yo lo ayudé a abrir y también estuve en sus últimos días.

Yo no entendía muy bien cómo funcionaba eso, porque ese restaurante mantenía lleno todos los días, había reservas en fila hasta por un mes y es que resultaba que mi jefe era toda una celebridad en Sydney. Yo cuando empecé a trabajar allá ni sabía a qué restaurante estaba llegando.

Solo estuve como un mes como cocinero cuando cerramos. Aunque mi jefe me dijo que aguantara, que en unos meses iba a abrir otro restaurante, pero ese sí era para quedarse. Por lo que tuve un par de trabajos más, ya como cocinero en otros restaurantes, antes de volver con él.

El éxito profesional: Ganando un “Chef Hat”

Lo que siguió fue la experiencia más importante en mi carrera como chef. En los siguientes años abrimos otros 2 restaurantes, trabajamos como locos y escalé desde cocinero hasta Segundo de Cocina (Sous Chef). Fue tanto el nivel que alcanzamos que ganamos un Chef Hat en uno de los restaurantes.

Para los que no saben, en Australia no se rigen tanto por las Estrellas Michelin, sino por los Chef Hats (Gorros de Chef) de la Good Food Guide. Ganar un “Hat” es el reconocimiento culinario más prestigioso del país; es entrar a las grandes ligas de la gastronomía australiana.

Es sinónimo de excelencia, creatividad y perfección en el servicio. Haber sido parte del equipo que logró eso fue un orgullo gigante.

Viajando por el continente rojo

Siempre mi prioridad fue tratar de conseguir mis papeles; al menos los primeros años la meta era ahorrar y tratar de quedarme. Era un poco difícil pero no imposible.

Los primeros dos años me la pasé trabajando y estudiando, no tuve la oportunidad de salir del país, pero cómo me disfruté Australia. Esos primeros dos años preferí tratar de recorrerme el país.

No lo hice tanto como hubiera querido, porque la verdad siento que me faltó demasiado por conocer, pero de igual manera me recibieron con los brazos abiertos ciudades y pueblos como Melbourne, Brisbane, Gold Coast, Canberra, Byron Bay y Newcastle, además de todos los pueblos y Parques Nacionales alrededor de Sydney.

En ese momento fue que empecé a disfrutar del MTB (Mountain Bike) y el senderismo (hiking) como nunca. Los alrededores de Sydney eran una maravilla tanto para caminar y perderse en la naturaleza como para montar bicicleta.

Después de los primeros 2 años sí tuve la oportunidad de viajar por Asia, aunque ese capítulo se los dejo para otro blog, porque fue uno de los viajes también más increíbles que tuve.

Todo iba perfecto… hasta que llegó el 2020

A mí Australia me lo dio todo. Me dio amigos que se convirtieron en familia, me dio romances internacionales, me dio amor, me dio trabajo, me dio estabilidad económica y seguridad. Yo no me quería devolver.

Lastimosamente, en el año 2020 se llegó la pandemia. Justo cuando yo estaba sacando mi visa de trabajo (tenía que pagar un dinero para que me la dieran por 2 años para empezar). Ya no tenía que estudiar más, además de que podía trabajar legalmente todas las horas que quisiera (legalmente solo podía 20 horas a la semana mientras estuviera estudiando, aunque cuando estaba en vacaciones podía trabajar tiempo completo, pero de igual manera uno siempre trabajaba un poco más).

Resulta que cuando ya iba a sacar la visa me quedé sin trabajo. Todo cerró, no sabíamos qué iba a pasar con el mundo. Varios de mis amigos se habían ido o se iban a ir de Australia, y aunque yo no me quería ir, me tocaba pagar un dinero grande por la visa de trabajo y me dio miedo, ya que no sabíamos cuándo iban a volver a abrir. Yo le pregunté a mi jefe y él no me podía asegurar nada: ni cuándo abríamos, y peor aún, si podía volver a trabajar.

En la oficina de migración llegan y me dicen: “Tiene una semana para tomar la decisión de la visa o un mes para dejar el país”.

Pues me quedé sin visa y sin posibilidad de regresarme a mi país, porque todas las fronteras y aeropuertos estaban cerrados. Esos “vuelos humanitarios” que enviaban eran de todo menos humanitarios; cobraban miles de dólares por un cupo que NO GRACIAS…

La salvación: La “COVID Visa” y unas vacaciones inesperadas

Gracias a Diosito empezaron a sacar unas visas que les decían las COVID Visa y me la dieron por 6 meses.

Realmente en Australia el COVID no fue tan pesado. Sí, la gente se asustó mucho, pero no hubo tantos contagiados como en otros lados; no había toque de queda ni había que estar encerrado. Sí cerraron los centros comerciales y los restaurantes solo podían abrir para llevar, pero estaban abiertos las licoreras y los supermercados.

Allá a los australianos les pagaban por quedarse en la casa y al resto les dejaron sacar plata de la Superannuation (que es como el fondo de pensión obligatorio que uno va ahorrando mientras trabaja). Yo en esos 3 años tenía como 8.000 dólares ahí guardados, así que eso fue un salvavidas.

Al final, los principios del COVID terminaron siendo como unas vacaciones jajajaj; veías a todas las familias en los parques y en las playas con las mascotas. Aunque supuestamente cerraban los parques, la gente seguia yendo como si nada. Después del primer mes volví a trabajar, ya que abrimos el restaurante para que fuera Take Away (comida para llevar). Con mi nueva visa no tenía restricciones de trabajo, entonces fue una maravilla.

Reflexión final: Un ciclo que no termina

Mirando atrás, esos meses extra fueron un regalo de despedida que no sabía que necesitaba. Aunque el mundo parecía detenerse, mi vida en Australia seguía latiendo fuerte, regalándome atardeceres y momentos de paz antes de la vuelta definitiva. Pero como toda gran aventura, dejar el país no significó dejar atrás lo vivido, sino guardarlo como el combustible para todo lo que vendría después.

Esto solo es un abrebocas del sueño que fue vivir en Australia. Necesitaría horas y horas para contar las infinidades de historias y anécdotas que tengo: todos los amoríos, historias de amor, rupturas de corazón, infidelidades jajajaj… todas esas veces que me perdí en medio de los bosques y las montañas de los alrededores de Sydney. El amor tan grande que le cogí al senderismo, a la naturaleza y, sobre todo, a seguir comiéndome el mundo.

Si necesitan más información sobre cómo pueden migrar a Australia, cómo pueden irse a estudiar allá o quieren aprender a viajar por el mundo, me pueden contactar. Con gusto podemos hacer una sesión 1-1. Si yo pude cumplir mis sueños de vivir allá empezando de cero, ustedes también pueden.

🛑 Conclusiones y Consejos

Si están pensando en dar el salto al otro lado del mundo, aquí les dejo mis lecciones más valiosas:

1. El inglés es la llave maestra: No se queden solo en el parche de latinos. El verdadero crecimiento y las mejores oportunidades laborales llegan cuando te obligas a hablar inglés y te mezclas con culturas de todo el mundo.

2. La actitud mata currículum: Yo llegué siendo chef y empecé lavando platos. No se les caigan los anillos por empezar desde abajo; en Australia el trabajo duro se recompensa rápido. Si eres bueno y tienes actitud, el ascenso llega.

3. Ahorro y Solvencia: No cometan mi error de llegar con los bolsillos vacíos. Australia es caro al principio mientras te ubicas. Tengan un colchón financiero real, no solo el “demostrado” para la visa.

4. No le tengan miedo a la distancia: Sí, está lejos, pero Australia es un país que te acoge. La calidad de vida, la seguridad y la naturaleza compensan cada hora de vuelo.

5. Aprovechen mientras son jóvenes: Las visas como la Work and Holiday o las de estudiante son más fáciles de gestionar cuando estás en tus 20s o 30s. No dejen el sueño para “algún día”.

Agradecimientos:

Y a ustedes, viajeros, gracias por leer esta historia que es tan personal para mí. Australia no fue solo un viaje, fue la escuela de vida más brava y hermosa que he tenido.

Espero que mis anécdotas les quiten el miedo a saltar al vacío y a buscar su propio camino, sea en Oceanía o donde el corazón les dicte. El mundo es muy grande para quedarse quieto y los sueños, por lejanos que parezcan, se cumplen si uno le mete ganas.

¡Nos vemos en el próximo destino!

Sé que leer sobre visas, solvencia económica y buscar trabajo en otro idioma asusta. Yo pasé por eso, llegué sin plata y aprendí los trucos a las malas. Pero ustedes no tienen que hacerlo solos.

Si tienen el sueño de migrar a Australia, estudiar inglés o simplemente viajar por el mundo y no saben por dónde empezar, en mis Asesorías Personalizadas 1-1 nos sentamos a revisar su caso específico y armamos un plan de ruta claro para que se vayan a la fija.

Y si prefieren aprender los trucos de ahorro y planeación a su propio ritmo, mi eBook Viajero Inteligente sigue siendo la mejor herramienta para empezar.

¿Listos para dar el salto?

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