Trabajando en Malta: Pandemia, amor, mafia de cocina y tusa en el Mediterráneo
Creemos a veces que migrar es costoso y difícil. Nos meten el miedo de que vamos a tener que llegar a empezar a buscar trabajo desde cero, que va a ser imposible o que vamos a estar de ilegales en algún país. Pero ese no fue mi caso. En realidad, mi ida a trabajar en Malta fue bastante sencilla.
De un call center en Medallo a una oferta en el Mediterráneo:
Estábamos entre noviembre y diciembre del año 2020, en plena pandemia. Yo había acabado de llegar de Australia y estaba en Medellín. Para ese momento me encontraba buscando trabajo en un call center mientras definía mi futuro en el exterior, tras una fallida entrada en uno de los restaurantes más famosos de la ciudad, donde me habían ofrecido un muy mal salario y unas condiciones de trabajo bastante malas.
La realidad es que en el call center trabajaba de lunes a viernes, ocho horas al día, y tenía fines de semana libres. Mientras que en el supuesto mejor restaurante de Medellín me pagaban un mínimo (que para ese entonces eran unos $877.803 COP, aproximadamente 250 USD de la época) por trabajar más de 50 horas a la semana, con turnos partidos y un solo día de descanso entre lunes y martes.
No llevaba ni dos meses en Colombia, pero ya estaba organizando mi salida. El plan era irme a vivir un año en Malta, un destino que ya tenía visto desde antes de salir de Australia unos meses atrás. La idea era luego volver a intentar regresar a Australia y pedir mi sponsor. Me habían dicho que tenía que esperar un año fuera del país para poder volver y aplicar a una sponsorship visa.
Recuerdo que, a la par que buscaba y encontraba trabajo como agente en el call center, me apareció una oferta precisamente desde Malta.
Básicamente decía:
“VEN A TRABAJAR A MALTA. BUSCAMOS COCINEROS CON BUEN NIVEL DE INGLÉS Y DOS AÑOS DE EXPERIENCIA. PAGO DE 1.600 EUROS AL MES MÁS HORAS EXTRAS. VEN A TRABAJAR A LA PARADISÍACA ISLA DEL MEDITERRÁNEO”.
En 2020, 1.600 euros equivalían aproximadamente a unos $6.800.000 COP, dependiendo de la tasa de cambio del momento.
Y para hacer un paréntesis, muchachos: hay muchos países que año tras año ofrecen este tipo de oportunidades y promocionan los trabajos directamente en nuestros países. La cosa es actualizarse cada año y buscar cuáles son los que están permitiendo a latinos migrar legalmente.
Yo en ese momento apliqué con una pequeña desconfianza. Pensé que podía ser algún tipo de estafa o algo parecido. Aunque también sabía que, si era real, tenía bastantes posibilidades de que me escogieran. Tenía más de tres años de experiencia en el exterior, hablaba inglés y cumplía con todo lo que estaban pidiendo.
Resultó que era una agencia de reclutamiento que había publicado el anuncio en Computrabajo. Creo que la mayoría de los colombianos hemos buscado trabajo alguna vez en esa página.
Tuve una entrevista con una mujer súper buena gente de España, que era el primer filtro. Me dijo que tenía todo para seguir en el proceso y que la semana siguiente se pondrían en contacto conmigo. A la semana siguiente tuve una segunda entrevista y me dijeron que me iban a contratar, pero que primero tendría algunas entrevistas más con dueños o jefes de cocina de diferentes restaurantes para ver con cuál encajaba mejor.
Para ese momento yo ya había investigado la empresa por internet y me había asegurado de que no era una estafa, ni una empresa rara, ni nada por el estilo. De hecho, era la empresa de reclutamiento para trabajos no cualificados o semicalificados más grande de Malta.


El proceso para conseguir trabajo en Malta:
Resulta que en ese tiempo Malta recibía a todo el mundo, sin mentirles. Era demasiado fácil entrar al país, buscar trabajo y conseguir un visado de trabajo por un año que luego era súper sencillo seguir extendiendo. Yo ya lo había leído por internet y por eso lo había tomado como destino para pasar un año antes de volver a Australia.
Después de eso, más o menos para enero, se contactaron conmigo de nuevo. Eran de un restaurante italiano en Malta junto con la gente de la agencia. Me hicieron la entrevista y, como vieron que la mayoría de mi experiencia era en restaurantes italianos, me dijeron que no serían necesarias más entrevistas, que me iban a asignar a ese restaurante y que, si me iba bien, me quedaría allá.
Yo acepté.
Empezamos con los trámites del permiso de trabajo, aunque les tengo que decir que nunca fueron totalmente necesarios para mi llegada. Luego conocí a un montón de gente y la gran mayoría de mis amigos se fueron directamente a Malta con el pasaporte. Allá tenían alrededor de 90 días, o el tiempo que les permitiera su nacionalidad, para permanecer legalmente mientras conseguían trabajo y comenzaban el trámite del permiso laboral, que para ese tiempo prácticamente todas las empresas ofrecían.
Muchos llegaban como estudiantes, otros como turistas, pero en general casi todos conseguían su permiso de trabajo.
Me mandaron el contrato y toda la documentación. No les voy a decir que todo era color de rosa. La agencia se quedaba con el 30 % de mi salario, lo que significaba que el restaurante prácticamente pagaba por mí alrededor de 1.900 euros. Justamente eso era lo que ganaban la mayoría de mis compañeros que tenían el mismo puesto que yo, pero sin una agencia de reclutamiento de por medio.
Además, el contrato tenía una cláusula que decía que no podía renunciar a los servicios de la agencia durante cada año de contrato. De lo contrario tendría que pagarles alrededor de 6.000 euros, a menos que existieran causas extraordinarias o de fuerza mayor que me impidieran seguir trabajando.
Había varios detalles y huecos en el contrato a los que, sinceramente, no les presté mucha atención en ese momento.
Yo me quería ir de Colombia lo más rápido posible.
El trabajo en el call center era de lo peor que había tenido. Y aunque no pagaban mal, como $2’200’000 COP, unos 600 USD que para la época estaba bastante bien, todos los que han trabajado en servicio al cliente saben lo desgastante que es estar recibiendo insultos de gringos todos los días.
Por otro lado, también tengo que decir que ellos se encargaron de todo de muy buena manera. La verdad, todo el proceso fluyó súper bien.
Justo en abril me dijeron que ya estaba todo listo. Pero como seguíamos en pandemia, todavía existían muchas restricciones para viajar. Y no solo eso. Mi padre estaba enfermo y, lastimosamente, no pudo vivir para contarlo, como también relaté en el blog de Turquía.
Ellos se portaron muy bien conmigo y, obviamente, me dijeron que saliera para Malta tan pronto pudiera y me sintiera listo.
Al final todo se alargó un poco.
Como en Colombia todavía no había vacunas disponibles, me tocó viajar a Estados Unidos para vacunarme. Luego, a finales de julio, después de haber organizado todos mis asuntos personales con mi familia, salí para Turquía a hacer cuarentena.
Y finalmente, a mediados de agosto, pude llegar a Malta.


Llegada a Malta y una conexión inesperada:
Resulta que unos días antes de llegar a Malta había conocido un grupo de latinos que justo iban para Malta conmigo. Ellos también estaban haciendo su cuarentena en Turquía y al final prácticamente se convirtieron en mi familia en la isla.
Cuando los conocí me dijeron que ya habían conseguido un apartamento donde iban a vivir ellos y otras dos mujeres que ya estaban en la isla. Habían salido un par de días antes. Yo, por mi parte, tenía un Airbnb alquilado por dos semanas mientras buscaba dónde vivir.
La cosa era que el restaurante donde iba a trabajar quedaba en un extremo de la isla, en una ciudad diferente a donde se iban a quedar todos mis amigos. Yo prefería buscar casa cerca del restaurante porque, aunque Malta era súper pequeña y uno cruzaba muchas de las supuestas ciudades caminando, igual quedaban retiradas de donde yo iba a trabajar.
A mí me habían dado una semana completa antes de empezar a trabajar y, además, tenía esas dos semanas para buscar dónde vivir.
Muchachos, llegamos a Malta una mañana. Yo fui a dejar todas mis cosas al Airbnb y lo primero que hicimos fue salir esa misma noche a conocer y a tomar algo con toda la gente del apartamento de mis amigos. Si no estoy mal, éramos como ocho personas.
Ahí me presentaron a todo el mundo.
Y algo captó mi atención.
Una de las mujeres que estaba ahí… no sé cómo explicarlo. Simplemente tuve un sentimiento muy fuerte, como si ya supiera que algo iba a pasar desde ese mismo día. Como si estuviéramos conectados de alguna manera.
¿Amor a primera vista?
Yo no sé qué fue.
Tal vez estaba muy sentimental por la muerte de mi padre. Tal vez estaba lleno de emociones que necesitaba entregarle a alguien.
Todavía hoy me pregunto qué fue exactamente lo que pasó, porque en muy poco tiempo me entregué a esa mujer de una manera que nunca había hecho antes. Y el sentimiento me recordaba emociones que hacía años no sentía por nadie.
Volviendo a esos primeros días, esa semana fue para conocer la isla, andar con mis amigos y, obviamente, salir con ella.
La conexión fue inmediata.
Nos conocimos. Al día siguiente fuimos a la playa y hablamos durante horas. Al otro día salimos de fiesta. Y cada segundo que pasaba con ella mis sentimientos crecían más y más.
Todavía no había pasado nada realmente personal entre nosotros hasta que, antes de abandonar mi Airbnb, la invité a una playa que quedaba cerca de donde me estaba quedando. Después le propuse que fuéramos al apartamento a comer algo, ver películas, fumar un porrito y pasar el rato.
Resulta que aceptó sin pensarlo mucho.
Yo ni siquiera sabía que todo iba a ser tan fácil.
Podría quedarme escribiendo sobre lo especial que fue ese momento. Fue una escena de película.
Aunque también tuvo algo de incómodo porque estaba la amiga que también habíamos conocido recientemente. Bueno, recientemente para mí, porque ellas ya llevaban varias semanas juntas desde la cuarentena que les había tocado hacer en Turquía.
Y resulta que la amiga también fue al encuentro.
A mí me caía súper bien y todos sabemos que ella ya intuía lo que probablemente iba a pasar, porque nunca molestó. Es más, hasta parecía que nos estaba haciendo el cuarto.
Se lo agradecí con el alma.
Después nos contó que incluso se hizo la dormida cuando en el sofá de la sala ocurrió ese primer acercamiento. Ese primer beso que yo llevaba días queriendo dar.
Esa noche fue muy bonita.
De esas noches que uno nunca olvida.
Todo pasó muy rápido. Todo ocurrió de una manera tan inesperada que jamás imaginé la tusa tan grande que me iba a tocar vivir unos meses después.
Pero desde ese día prácticamente no nos volvimos a soltar.
Hubo una química increíble.
Una conexión.
Fue el romance más intenso que había tenido en toda mi vida. Los sentimientos más fuertes que había sentido en muchísimos años.
Hasta que me dejaron.


Mi nueva vida frente al mar:
Justo antes de entrar a trabajar conseguí un apartaestudio al frente del mar, con unas vistas soñadas. Todos los días tenía el atardecer desde mi balcón, mirando al mar y a unos acantilados que se veían a la distancia.
No era la gran cosa, pero ese lugar tenía algo que lo hacía único.
Además, me quedaba relativamente cerca del trabajo y realmente era un barrio muy tranquilo.
En el trabajo, las cosas fueron por otro lado.
Aunque desde el inicio me llevé bien con la gran mayoría de los cocineros y de la gente que trabajaba en el restaurante, nunca faltan en la cocina los idiotas que se creen mejores que los demás. Aun teniendo exactamente el mismo puesto que yo, como llevaban más tiempo trabajando allá se sentían dueños del restaurante.
Y ni siquiera eran mis jefes.
Con los verdaderos jefes, desde el principio, me llevé muy bien. Incluso sentía que me habían cogido cariño.
Yo empecé como pizzero.
Estábamos en pleno verano. Todo el mundo estaba en la calle. En Malta prácticamente ya no había restricciones por COVID y ese restaurante permanecía lleno todos los días.
No tienen idea de la cantidad de pizzas que hacía.
El personal escaseaba por momentos, no dábamos abasto durante el servicio y fue justamente ahí cuando empecé a chocar con un serbio que comenzó a molestarme desde la primera semana.
La verdad, el tipo era de esos bullies que creen que son mejores que todos.
Lo que sí tenía claro era que yo no me iba a dejar.
Varias veces estuvimos a punto de irnos a los golpes.
Y es que yo estaba pasando el duelo por mi viejo, recién llegado al país, apenas aprendiendo cómo funcionaba todo en el restaurante, con el local lleno todos los días. No me había dado tiempo ni de procesar nada.
Mientras tanto, el tipo gritaba y gritaba.
Jodía por cualquier cosa.
Y eran puras pendejadas.
Lo peor es que los jefes me felicitaban constantemente por el trabajo que estaba haciendo, mientras este personaje me buscaba pelea por cualquier bobada.
Siempre me gritaba cuando los jefes no estaban en la cocina.
Hasta que un día le dije que o me dejaba de joder o nos teníamos que encender ahi mismo, en otras palabras menos suaves, nos tenemos es que matar.
Palabras textuales.
Ese día casi me voy del restaurante.
Los otros compañeros nos separaron y, al final, sentí un apoyo enorme de parte de ellos. Me explicaron cómo era realmente el tipo y me dijeron que no le prestara atención. Que si la situación empeoraba, hablara directamente con los jefes porque seguramente se pondrían de mi lado.
Hubo mucha tensión ese día.
Pero al serbio le quedó clarísimo que yo no me iba a dejar humillar más.
Y justo cuando parecía que todo se calmaba, salí de una para entrar en otra.
El otro pizzero, que también era serbio, se había ido de vacaciones.
Me tocó echarme toda la estación al hombro.
Yo no llevaba ni tres semanas trabajando cuando el hombre se fue casi otras tres semanas a su país.
Unos días antes de que regresara, incluso ya me estaba haciendo medio amigo del primer serbio que me había estado molestando.
Pero llegó el otro.
Y volvió el problema.
Este pizzero empezó bien porque, en teoría, era quien tenía que enseñarme. Pero era un viejo cascarrabias que se quejaba absolutamente de todo.
Y hasta cierto punto lo entendía.
Era un señor de más de 45 años que seguramente llevaba toda su vida haciendo pizzas.
Pero también empezó a joderme por cualquier cosa.
Yo ya sabía desenvolverme bastante bien en la estación. Ya hacía cientos de pizzas al día. Pero parecía que al tipo le molestaba mi manera de trabajar.
Le molestaba cómo organizaba la estación.
Cómo acomodaba las neveras.
Cómo guardaba los ingredientes.
Y eso que yo trataba de hacer todo lo más parecido posible a como le gustaba a él, precisamente para evitar problemas.
La cosa es que apenas habíamos trabajado juntos unos pocos días cuando volvió de vacaciones.
Entre semana nos alternábamos los turnos, pero durante los fines de semana nos tocaba compartir estación.
La misma estación que yo había mantenido funcionando prácticamente solo mientras él estaba de paseo.
No sé qué pasó.
Pero de un momento a otro empezó a tratarme mal.
Me decía que cambiaba todo de lugar.
Que no hacía bien las preparaciones.
Que trabajaba mal.
Y un montón de cosas que simplemente no eran ciertas.
A veces cambiaba un recipiente de una nevera a otra, pero eso no era precisamente el fin del mundo.
Nadie más tenía problema con eso.
Muchas veces uno lo hacía incluso sin darse cuenta.
Pero el hombre se metió la película en la cabeza.
Y al final también me tocó pararme en la raya.


La mafia de la cocina:
Yo siempre llegaba temprano al trabajo. Generalmente era de los primeros en entrar a la cocina.
El tipo pensó que me iba a coger desprevenido o no sé qué se imaginó. Pero días antes se le había escapado que les dijo a otros compañeros que me iba a joder.
Resulta que uno de ellos me lo contó.
Y parce, yo ya iba con los pelos de punta de la rabia que tenía.
Yo solo estaba esperando que se viniera.
Ese cocinero que me contó lo que el serbio estaba planeando terminó convirtiéndose en uno de mis mejores amigos durante todo el tiempo que viví en Malta.
Volviendo a la historia.
Yo entré primero a la cocina y, apenas llegó el tipo, empezó a gritar.
Parce, fue demasiado chistoso porque ni él ni el otro serbio hablaban muy bien inglés. O sea, sí hablaban, pero no lo suficiente como para mantener una discusión larga.
Tan pronto entró y gritó:
—MATEOOOO…
Yo ni siquiera sé qué fue lo que dijo después.
Pero a mí se me salió el diablo.
Le dije de todo.
No lo dejé hablar.
Le dije que era increíble que me llevara bien con todo el mundo menos con él. Que incluso con el otro serbio ya habíamos arreglado las cosas y que él seguía joda y joda todos los días.
Le dije que me importaba un carajo la experiencia que tuviera, la edad o cualquier otra cosa. Que tenía que respetarme.
Y que solo había dos opciones: o nos íbamos a los golpes ahí mismo o nos íbamos a hablar con los jefes.
También le dije que yo sabía perfectamente que le estaba diciendo a todo el mundo que me iba a joder ese día.
Y lo mandé a comer mierda tanto en inglés como en español.
El hombre ni siquiera supo qué responder.
Aun así, le dejé claro que si volvía a tratarme mal una sola vez más, o nos encendíamos a puños o íbamos a ver a quien echaban.
Recuerdo que también le dije que era increíble que después de tantos años haciendo pizzas siguiera comportándose como un niño.
Y que yo no necesitaba ese trabajo para vivir.
Porque era verdad.
Si me iba de ahí, podía conseguir otro trabajo fácilmente.
La propia agencia me había dicho que, en caso de problemas graves con algún restaurante, podían reubicarme en otro lugar.
Y es que, sinceramente, eso no era vida.
Estábamos haciendo cantidades absurdas de pizzas.
Había días de hasta 16 horas de trabajo.
Y encima tenía que aguantar humillaciones.
Pero lo mejor vino después.
Ese mismo día, el compañero que me había contado lo que el serbio planeaba hacer también terminó peleando con él.
Y cuando le tocó el turno de explotar, también le dijo absolutamente de todo.
La diferencia era que él llevaba años trabajando en ese restaurante.
Probablemente era el mejor cocinero de todo el restaurante.
Y el serbio no tenía cómo discutirle.
Además, como les decía, el hombre tampoco hablaba muy bien inglés.
Ese día fue increíble.
Después de toda esa discusión, ese compañero y yo nos volvimos prácticamente inseparables.
Y curiosamente, después de eso, el ambiente cambió bastante.
Hubo unos meses de relativa calma en el restaurante.
Se acabó el verano.
La cantidad de clientes bajó.
Ya no teníamos que trabajar como animales todos los días.
Y cuando baja la carga de trabajo también baja el estrés.
Así estuvimos durante varios meses.
Por un lado, había vivido un pequeño infierno dentro de la cocina.
Pero afuera estaba viviendo la historia de amor más intensa que había tenido en toda mi vida.
Y la verdad es que prácticamente cada segundo libre lo pasaba con ella.
Cada día nos entendíamos mejor.
Cada día me enamoraba más.
Y yo estaba convencido de que ella sentía exactamente lo mismo.


La falsa calma:
Yo no sé por qué dejé que todo avanzara tan rápido. Tal vez porque seguía pasando el duelo por el fallecimiento de mi padre y pensaba que necesitaba compañía, o estaba tratando de llenar algún vacío, pero en ese momento estaba muy sentimental.
Resulta que esta chica había tenido una relación de más de 10 años con otro tipo, y yo lo sabía, pero cuando empezamos a salir se suponía que ya no estaban juntos, o eso me había dicho ella.
Ellos, así como yo, vivían en Australia juntos, pero justo cuando empezó la pandemia ella se había ido a Colombia de vacaciones y no pudo volver a entrar. Australia aún tenía las fronteras cerradas.
El tipo le había sido infiel y supuestamente ya habían terminado. Pues yo me lo creí. Es más, yo pensé que era definitivo.
Como al principio todo fue tan intenso, todo fue tan bonito, yo sí pensé que me iba a quedar con ella, que nos íbamos a devolver a Australia juntos, ya que ese era mi plan: trabajar un año en Malta y volver a Australia, y prácticamente que íbamos a tener una vida feliz.
Pero la vida y ella tenían otras cosas preparadas para mí jajajajaj.
Pasaron un par de meses y en el restaurante las cosas mejoraron. Ya no tenía enemigos, no se trabajaba tanto porque ya estaba llegando el invierno y la gente no salía tanto.
Pasé de tener un horario de más de 60 horas a la semana a semanas donde trabajaba menos de 40. Había semanas, inclusive, que trabajaba 4 días. Horarios de 12 horas, sí, pero igual me daban hasta 3 días libres a la semana. Inclusive recuerdo semanas de solo 3 días de trabajo.
La pandemia ya estaba llegando a su fin. La mayoría de la gente ya estaba vacunada, gente que iba hasta por la segunda o tercera vacuna. Pero justo en ese momento llegó esa última cepa famosa. La Ómicron, que le dio a todo el mundo otra vez.
La diferencia era que, como todos estábamos vacunados, ya daba como si fuera una gripa común. Es más, a mí me dio y mi jefe me dijo que si no estaba malo y enfermo de verdad, que no dijera nada. Recuerdo que no fui a trabajar solo como por 3 días, pero no hice la cuarentena ni nada de esas cosas.
Aun así, la gente se llegó a asustar un poco ese fin de año con esa cepa del COVID. En Malta volvieron a poner el tapabocas en las calles y espacios públicos porque mucha gente se estaba volviendo a infectar. La diferencia, obviamente, eran las víctimas mortales.


El viaje que nunca sucedió:
Se llegaba el fin de año y yo programé un viaje express de poco más de una semana a Francia y España con esta mujer. Quería volver a Bilbao unos días a visitar a mi familia y mis amigos.
Había sacado como 11 días de vacaciones, del 5 de diciembre, que era mi último turno de mañana, hasta el 16 de diciembre, y el 17 volvía a trabajar.
Había encontrado un vuelo de 9 euros a Toulouse, Francia, donde iba a pasar un par de días, y de ahí a Bilbao, donde iba a estar como 5 días más, para ir a Madrid por otro par de días y volver a Malta.
Más o menos después de dos meses de habernos conocido y empezado a salir, yo le dije que fuera mi novia y ella había dicho que sí. Mi corazón se había llenado de amor.
Juro, pensaba que esa mujer era la mujer de mi vida, y yo todos los días trataba de ser ese hombre diferente. Pero el amor no se compra con detalles, comidas y paseos.
Como las redes dicen que un hombre tacaño no vale por nada, yo no hacía sino sacar planes y salidas cada que podía. Según yo, la estaba enamorando con mis detalles. Jajaja, estaba era más perdido.
Desde antes de principios de noviembre le comenté del viaje. Ella dijo que sí, sacó vacaciones, aunque solamente para el viaje, se las dieron y lo empezamos a programar. Lo que yo no sabía era que personas inesperadas iban a llegar a recuperar su lugar.
Poco más de una semana antes del viaje había como un ambiente tenso. Los días como que se sentían fríos. Yo no me explicaba por qué, qué había hecho mal. Además de que ya se venía el invierno, lo que le daba un ambiente aún más frío.
Y exactamente un 24 de noviembre yo no me sentía bien. No les voy a negar que yo seguía pasando un duelo. A veces el dolor desaparecía cuando estaba con ella, pero igual mi viejo dejó un vacío grandísimo que a veces no podía soportar.
Nos habíamos visto el día antes y, no sé, el ambiente se sentía raro. Había cosas que se estaban cocinando y yo no sabía qué era.
Se llegó el 24 y ese día al mediodía nos despedimos. Yo, la verdad, no le había dicho nada de cómo me sentía y me fui para mi casa.
Esa tarde estaba la verdad muy aburrido, muy triste, y la llamé y le dije que si podía venir, estar conmigo, que la verdad no la estaba pasando bien y ella me dio un rotundo NO.
Aun sabiendo mi situación.
Aun sabiendo el dolor que llevaba.
Me dijo que NO.


La llamada que me termino de romper:
No sé si esta historia suene mucho al YOYOYO, haciéndome pasar por víctima. Yo normalmente no suelo mostrar mucho mis sentimientos, mucho menos abrirme a las personas, pero perder a tu persona favorita, a tu héroe, no fue nada fácil. Han pasado muchos años y todavía se sigue sintiendo ese peso.
Recuerdo mis palabras:
—En serio te necesito. No me siento bien. Estoy triste y eres mi novia. Me gustaría que estuvieras conmigo. Sé que me voy a sentir mucho mejor contigo al lado. Vente, que mañana sé que tienes el día libre y no hay que madrugar.
Después de eso me dijo algo que nunca se me olvida:
—Mateo, yo creo que es mejor que nos demos un tiempo. Yo creo que tú sientes muchas cosas por mí y yo no sé si siento lo mismo por ti. Quiero darme un tiempo para mí sola. Quiero pensar solamente en mí y estar sola. Es mejor que dejemos las cosas así.
Sentí como si mi cuerpo fuera un cristal y se hubiera partido en mil pedazos. En un momento ya estaba en el piso llorando, preguntándome qué había hecho mal, preguntándome el porqué y preguntándome por qué la vida estaba siendo tan triste.
Aunque había viajado demasiado, no les niego que eso también siempre me ayudaba un montón, tenía un sentimiento de soledad, de tristeza, una tusa y un duelo a la vez.
Había pensado que podía llenar un vacío con ella y ya lo tenía por dos.
Fue una noche bien difícil, y ni mencionar los siguientes días.
Eso fue un miércoles.
No les voy a negar que me arrastré como un gusano por un par de días sin éxito. Ya me habían mandado a volar.
En el trabajo no dejaba de pensar en ella.
Fueron los días más eternos de la existencia.
A veces no podía ni impedir que una que otra lágrima se me cayera.
Hasta que se llegó el domingo. Me levanté y no sé, yo me vi tan mal. Nunca me había visto tan vulnerable.
Lloraba en el piso desconsolado. Esos últimos días habían sido, personal y sentimentalmente hablando, bien duros.
Y llegó un momento después de levantarme, donde me encontraba en el piso quejándome y llorando, y fue como si mi alma se hubiera salido de mi cuerpo.
Sentí como que yo mismo me miraba a la cara y me decía:
—MATEO, NO MÁS.
Te paras y tienes que dejar que tus emociones dependan de otra persona.
El viejo ya no está y el único que puede hacerte feliz sos vos mismo.


Roma: el viaje del cambio:
Me fui a trabajar. Ese día trabajaba en la tarde y yo no sé, fue como que el destino me estaba dando un respiro.
Llegué al trabajo y lo primero que hice fue ir a mirar el horario de la siguiente semana, y cómo es que me habían puesto a trabajar el lunes hasta las 3 p. m. y de ahí tenía martes, miércoles y jueves libres, y el viernes volvía a trabajar en la tarde.
Mi jefe no sabía, pero me había dado era alas.
Llegué y lo primero que hice fue buscar vuelos baratos para el otro día en Skyscanner, ni le preste atención al servicio del restaurante, mi mente estaba ya en otro lado.
Busqué ir a cualquier lugar, un vuelo que saliera después de las 6 p. m., y cómo es que me sale Roma, la bella Roma.
Salía ese lunes en la noche y volvía el jueves en la tarde.
En un viaje que me iba a cambiar la vida.
Vean, ese viaje fue de lo más inesperado del mundo, pero me recorrí esa ciudad de una manera increíble.
Caminé demasiado, porque eso sí tiene Roma: que para visitarla caminando es un espectáculo.
Como esta historia no es una guía de viajes, no les voy a dar el itinerario. Igual, lo que hice fue abrir Google Maps, y cada museo y monumento que me aparecía le ponía un pin. Luego tracé una ruta diferente para todos los días y al final todos los días hice algo.
Es más, es una ciudad que aun después de 3 días completos andándola siento que volvería.
Resulta que yo sentía que necesitaba un cambio.
Mi alma me lo pedía.
No quería seguir trabajando en ese lugar hostil, que después de que intentaron conmigo se fueron en contra con cada chef nuevo que llegaba.
La cocina es un lugar difícil.
A veces los horarios de 16 horas, las faltas de respeto, el estrés, las quemaduras… muchas veces se sentía hasta como una esclavitud, pero sin ser un verdadero esclavo.
En el hostel donde estaba conocí a unas personas.
Era una actriz chilena y un pana del Reino Unido.
Nos hicimos muy panas y la verdad yo no quería hablar nada de lo que me estaba pasando con la muerte de mi padre y la dejada de esta mujer.
No quería tampoco victimizarme por eso.
Pero les hablé de lo que para ese momento quería hacer con mi vida.
Les dije que quería renunciar a mi vida de cocinero.
No me aguantaba más ese lugar.
Quería irme de viaje por Europa y Africa, crear contenido para redes sociales, quería volver a Colombia y ayudar a personas a viajar y trabajar en lo que me gustaba, que precisamente eran los viajes.
Y cómo es que este par de desconocidos me dicen que sí.
Que era la mejor decisión, que volara, que me fuera a cumplir mis sueños, que renunciara y que para mañana era tarde.
Fue como hablar con tu mejor amigo o con tu familia y que te dieran esa voz de apoyo, esa palmada en la espalda para decirte que en la vida hay que luchar por lo que se quiere y hay que soltar lo que no nos suma ni nos sirve.
Y es que, aunque fueran dos desconocidos, yo sentía que era mi viejo el que me decía:
—Mateo, vuela alto, hijo, y persigue tus sueños.
No les voy a negar que me volvió la sonrisa en ese viaje.
En pocos días fue como si hubiera nacido un nuevo Mateo, como si la tristeza se hubiera ido.
Y como si la partida de mi viejo, aunque dura, ya no la pudiera tener más en mi mente con dolor, sino más bien empezar a recordar el legado, los recuerdos, las enseñanzas y todas esas cosas bonitas que alguna vez nos llegó a dar.


Sicilia, Francia. España y la decisión de renunciar:
Volví a Malta renovado. Solo tenía que trabajar el fin de semana y me iba de vacaciones.
Mientras estaba en Roma y como tenía unos días extra antes de irme a Toulouse, busqué de nuevo vuelos baratos en fechas específicas y encontré uno a Catania, en Sicilia.
Catania es una de las ciudades más importantes de Sicilia y está ubicada justo a los pies del volcan Etna, uno de los mas famosos de Italia y Europa. Tiene un centro histórico increíble, calles y mercados coloridos y una energía muy particular que mezcla el caos italiano con la tranquilidad del Mediterráneo.
El de vuelta no estaba tan barato, por lo que decidí hacer un pequeño viaje por la isla de Sicilia y volver en ferry, que estaba más económico que el vuelo. Además, era muy cerca, ya que Malta es una isla que prácticamente está al frente de Sicilia.
Estuve unos días en la bella ciudad de Catania. Ya hacía frío y desde la ciudad se veía el increíble volcán Etna. El Etna es el volcán activo más alto de Europa y uno de los más activos del mundo. Ha marcado la historia de Sicilia durante miles de años y, aunque sus erupciones son frecuentes, también es una de las razones por las que la tierra de la región es tan fértil.
Traté de subirlo en un tour, pero las carreteras se helaron porque ya estábamos en invierno y la noche anterior había llovido. Los carros no podían pasar por el hielo, aunque el día, la verdad, estaba espectacular cuando arrancamos.
Nos dejaron en un punto y nos dieron una guía de una montaña donde podíamos hacer senderismo y tener buenas vistas del volcán.
Luego bajé en tren a Siracusa, donde estuve dos días. Siracusa fue una de las ciudades más importantes del mundo griego antiguo y durante siglos llegó a competir en poder e influencia con Atenas. Hoy conserva una mezcla increíble de historia, ruinas arqueológicas y el encanto de Ortigia, la pequeña isla que forma su casco histórico.
El último día me fui al pequeño pueblo de Pozzallo, de donde salía el ferry a Malta en la noche.
Como ese viaje había sido también tan improvisado, no tenía transporte de Siracusa a Pozzallo. En la web decía que salía un bus que nunca llegó. Menos mal no había pagado nada y no había trenes hasta como dos días después.
Me tocó pedirle el favor al dueño del hostel donde me había quedado, que por 40 euros me llevó hasta el otro pueblo, donde tenia el ferry, a una hora de distancia.
Una última tarde de invierno en las playas sicilianas y volvimos a Malta tarde en la noche para al otro día salir bien madrugados a coger el avión con destino a Francia.
Cuando estaba planeando el viaje, antes de que todo pasara, yo había reservado un Airbnb que era un dúplex con terraza y jacuzzi, súper bonito, en el centro de la ciudad. Además, había hecho una reserva en lo que se suponía era el mejor restaurante más de la ciudad, que para sorprenderla jajaja.
La verdad es que me estaba gastando un dineral por sorprenderla.
Cuando ella me dijo que definitivamente no iba a ir, cancelé el Airbnb, que me estaba costando un montón, pero sí asistí al restaurante.
Ya no estaba sorprendiendo a nadie.
Puede sonar triste, pero me lo tomé como que me estaba dando gusto a mí mismo.
Toulouse es una ciudad muy bonita. No es tan famosa como otras en Francia, pero tiene su encanto.
Yo ya había ido una vez en uno de mis anteriores viajes a Francia y había vuelto únicamente porque los vuelos estaban muy baratos desde Malta hasta allá, y luego al otro día también había un bus súper económico para ir a Bilbao.
Había sacado esa ruta por ahí porque ella no conocía.
Lo que sí puedo decir es que estábamos en vísperas de Navidad. Ya era la segunda semana de diciembre y la ciudad estaba súper iluminada y con un ambiente navideño muy bonito.
Salgo al otro día de camino a Bilbao y, si no había terminado de olvidar, ahí con mis amigos y familia ya fue el acabose.
Muchísima comida, celebraciones, fiesta.
Fueron unos días bien bonitos, la verdad, para terminar de rematar esas vacaciones.
Al final, paradita rápida en Madrid, cervecita y comida con otros amigos, y de vuelta a la realidad.
A renunciar a todo en Malta, ya la decisión estaba tomada.


La renuncia:
Había decidido que igual no me iba a ir tan rápido. Quería pasar un último verano en Europa. Estábamos en invierno y no quería que mi viaje fuera en ese frío.
Tampoco quería dejar mi trabajo tirado, aunque después tuve unos problemas con la agencia de reclutamiento que menos mal pude solucionar, aunque mintiendo un poco, la verdad.
Tampoco quería dejar tirado el apartamento donde vivía. Seguramente me hubieran cobrado una multa, pero la dueña, la verdad, era un amor. Después de explicarle la situación, literalmente me dijo que fuera a perseguir mis sueños y que no había problema.
Lo primero que hice cuando llegué fue hablar con mis jefes en el restaurante. Había tomado la decisión de quedarme hasta marzo. Aún faltaba medio diciembre, todo enero y todo febrero.
Mi jefe me dijo que no había problema, que me entendía. Yo le dije que quería volver a mi país a empezar un negocio de turismo con mi familia, con mi madre que estaba sola en Colombia, y él simplemente se alegró por mí. Pero me dijo que al final los que tenían la decisión eran los de la agencia de reclutamiento.
Básicamente, en el contrato que tenía con la agencia decía que obligatoriamente yo me tenía que quedar el año trabajando. Era como una cláusula de permanencia y que si yo renunciaba sin justa causa tenía que pagarles un total de 6000 euros o algo me dijeron también de 500 euros mensuales por el tiempo que me faltaba, algo así estaba en el contrato.
Yo me iba en marzo. Había empezado a trabajar en agosto, aunque realmente mi permiso de trabajo llegó hasta finales de septiembre.
Por lo que básicamente yo me tenía que quedar hasta septiembre obligado.
¿Cuál fue mi excusa?
Obviamente no les dije que me iba a ir de viaje.
Les dije que había caído en depresión, que mi papá me hacía mucha falta. Exageré todo lo que más podía con ese asunto. Les dije que mi mamá estaba súper mal y que me tenía que ir.
Al final hasta con el jefe me tocó hablar.
Ellos no me iban a dejar ir tan fácil.
Hasta amenacé con ir a la oficina del trabajador en Malta, que no sé cómo se llama, a denunciarlos.
Ahí fue cuando me mandaron a hablar con el dueño de esa agencia, que al final aceptó mi renuncia sin muchos peros.
Todo había salido bien.
Con ese pequeño contratiempo, pero íbamos bien.


Nadie me quita lo bailado:
Aunque la historia da un pequeño giro, resulta que ella me debía un dinero. No era mucho, la verdad, yo inclusive no se lo iba a cobrar. Ella me escribió para pagarme. Yo también le tenía unas cosas que le quería devolver.
Al final hablamos y yo le conté igual que me iba a ir.
No les niego que se sintieron muchas cosas pero ya no sentía tristeza por la ruptura.
Tampoco puedo negar que no presioné por una despedida, que empezó con un abrazo, un beso y que terminó en su cuarto, ya consciente de que no iba a volver a pasar más.
Simplemente quería recordar una última vez qué se sentía estar una última vez con esa persona que había despertado sentimientos que ni sabía que existían en mí.
Y es que al final ella no quería estar tan sola.
Solo estaba esperando al que realmente le despertaba cosas a ella.
Después de todo esto, ya con todo medio arreglado y después de haber hecho las paces conmigo mismo y con el mundo, me prometí una cosa.
Lo mismo que me había prometido en Australia cuando me tocó irme del país.
Que de mi boca no iba a salir un NO por respuesta para cualquier plan, salida o invitación.
Ese diciembre fue una locura, entre las celebraciones de Navidad, de cumpleaños y de Año Nuevo casi me echan del trabajo jajaja.
Resulta que me habían puesto a trabajar 24 y 25, y 31 y 1, todo el día.
Yo el 25 llegué tarde y el 1 ni fui, fue tanta la fiesta que ni me levanté, nunca en la vida había faltado a un trabajo por eso, pero no sé, hasta se sintió bien.
Mientras trabajaba esos días, yo solo pensaba en que seguramente los jefes y dueños del restaurante estaban en sus casas con sus familias tomándose una copa de vino mientras a nosotros nos daban turnos dobles los cuatro días.
Más convencido estaba de que no quería seguir trabajando allá.
Para el final de la historia solo me queda decir que si los primeros tres meses fueron una historia de amor de película, los últimos dos meses sí fueron una película.
Me recorrí todos los rincones de la isla, entre playas, acantilados, entre Malta y Gozo.
Gozo es la segunda isla más grande del archipiélago maltés y, para muchos, la más bonita. Tiene un ambiente mucho más tranquilo que Malta, pueblos pequeños, acantilados impresionantes y algunas de las mejores playas del país. Era uno de esos lugares a los que uno podía escaparse un día y olvidarse completamente del mundo.
Yo no sé, pero sentía que mi cara había cambiado, sentía que mi yo había cambiado y eso como que lo notaba la gente mientras disfrutaba de una libertad de excesos que después nunca volví a tener.
Porque me empezaron a llegar mujeres de todos lados y explícitamente era como que todo se iba dando por medio de las mismas conversaciones que siempre tenia con todas.
Es que caían, o mejor dicho llegaban, y con las mismas palabras, en diferente idioma, a veces en español, otras veces en inglés, casi todas las semanas tenía un encuentro diferente.
Era una constante que me decían que yo les transmitía muy buenas vibras, que no sé qué. yo me lo terminé creyendo también.
Porque esos dos meses fueron una completa locura. Las fiestas, alcohol, sexo, los paseos por la isla y mucho sexo.
Ya me quedaban menos de tres semanas para irme y definitivamente esos últimos dos meses habían sido una pelicula de esas que hay que vivir así sea una vez en la vida mientras se es joven.
Yo ya estaba programando lo que iba a ser mi viaje, sabía que iba a empezar en España, luego Egipto, Marruecos y bueno, un montón de países que son para el siguiente blog.
Eso sí, cómo es que una amiga, no de la infancia, pero que conocía desde hacía varios años, llegó a Malta.
Yo con ella solía salir de fiesta un montón cuando teníamos como 20 años, cuando yo había llegado de España, por allá en el 2016.
Cuando nos vimos por primera vez ella estaba con otra amiga y cómo es que ese día nos fuimos a una discoteca donde resultamos bailando y pasándola bueno.
Y bueno, cuando se acaba la fiesta, cómo es que yo me encuentro de frente a mi ex con el ex de mi ex.
Ahí fue que me di cuenta de que ella nunca quiso estar sola.
Lo que realmente pasaba es que ella nunca había dejado a su exnovio antes de conocerme y como habíamos tenido una buena conexión, ella lo había dejado pasar.
Pero tan pronto el hombre le dijo que se iba a ir donde ella, ella me había botado.
Yo hasta ese momento estaba sano, pensé que de verdad ella lo que quería era estar sola.
Me dio un poco de rabia, o no se si rabia, tambien estaba decepcionado, porque hasta ese momento de verdad yo recordaba todo bien, con amor.
Pero verlos ahí juntos solo me hizo saber que yo estaba era perdiendo mi tiempo, cómo es que yo me había enamorado de esa manera, que casi muero literalmente de amor, por alguien que aún estaba esperando a su pareja infiel jajaja. Eso le pasa a uno por migajero. Se sintió bien feo esa parte.
Me sentí engañado por más o menos uno o dos minutos mientras me los cruzaba para salir de la discoteca, igual ya faltaba poco para irme.
Y cómo es que mi último romance fue con la amiga de mi otra amiga.
Con ella al final estuve esos últimos días, saliendo y despidiendo a todos mis amigos.
Y disfruté de la isla como nunca, nadie me quita lo bailado en la isla.
Y acabando nuestra historia, resulta que ya con este romance se iba a desenvolver uno de los dramas románticos y películas más grandes en el siguiente capítulo.
Porque en medio de mi viaje hubo peleas, rupturas y romance.
Si la anterior película había sido buena, este amor de fin de semana fue mejor. Nos vemos en el proximo blog.


Reflexión final:
A veces uno cree que viaja para conocer lugares, pero con los años me he dado cuenta de que muchas veces viajamos para conocernos a nosotros mismos.
Malta terminó siendo mucho más que un trabajo en una isla del Mediterráneo. Fue una etapa donde me enamoré, me rompieron el corazón, hice amigos que todavía recuerdo, despedí una versión de mí que ya no quería seguir siendo y tomé la decisión de perseguir algo que realmente me hacía feliz.
Mirando hacia atrás, no cambiaría nada.
Ni los problemas en la cocina.
Ni la tusa.
Ni las malas decisiones.
Ni siquiera los errores.
Porque todo eso me llevó exactamente al lugar donde tenía que estar.
Y al final, cuando uno se atreve a seguir adelante, incluso los capítulos más difíciles terminan convirtiéndose en grandes historias.
Nos vemos en el próximo viaje.






